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Sábado 31 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Gobernador ejemplar

Columnista: Alfonso Gomez Gomez

Concluye hoy su ejercicio de Gobernación en el Departamento Horacio Serpa Uribe. Fue premiado por organización cívica que vela por el correcto desempeño de las funciones públicas, y en el concurso examinado, el acerbo de cuestiones que se tienen en cuenta resultó favorecido con excelente nota. Dio a la mujer más del porcentaje legal de participación en las labores propias del trabajo oficial. Dejó el trabajo proyectado acorde con los ingresos previstos. Viajó incansablemente a lo largo y ancho de la extensión departamental y oyó cuanta queja válida y cuanta necedad debe atender un funcionario investido de las facultades que le competen.


Horacio hizo de la probidad una norma existencial. Sigue siendo probo y lo será siempre. El departamento así lo reconoce. Mentes obtusas lo tuvieron por guerrillero, porque vivía en Barranca, cuando la propia guerrilla lo asediaba para darle muerte ignominiosa. A la verdad Barranca fue escenario de atrocidades. La violencia es irracional y determina fenómenos sociales que reciben profundidad mediante la acción de tirios y troyanos. El luchador queda en pie, sirviéndose de su propio brazo, incomprendido hasta más no poder, porque solo se consulta y se ve el duelo personal. Lo demás cae bajo sospecha, aunque sus actos sean limpios, bien intencionados y revistan riesgos diversos. La guerrilla le cobraba a Serpa su comportamiento en Méjico y Venezuela, sujeto a instrucciones que daba el Presidente como responsable máximo de la paz.


Esa guerrilla equivocada y esgrimiendo lemas superados, como aquel de "la combinación de los medios de lucha": secuestrar, robar lo ajeno, matar era simultáneo al diálogo. Hasta cuando llegaron Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que dieron un giro de muchos grados al círculo vicioso en que se estaba.


Recientemente dijo Serpa que viajará a Bogotá y que dejará a Santander, su tierra, donde surgió y cumplió ardua tarea provechosa para los más. Buen administrador de lo público, no erraron las gentes al elegirlo, y el reconocimiento nacional ha funcionado como reparación a todas las incomprensiones, torpezas y deméritos que le endilgaron. Son golpes del oficio en la confusión existente.


No ejercerá función pública alguna, el turno le llegó a su hijo Horacio José; no es vulgar nepótico y el merecido descanso le llega en vida. Útil ella, ha sido, y él dueño de carácter para enfrentar los infortunios y los éxitos.

Autor:
Alfonso Gomez Gomez
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