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Sábado 24 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

¿Qué pasa en las cárceles?

Columnista: Alfonso Gomez Gomez

En día anterior aconteció incendio en cárcel de Palogordo.   El mismo caso con anterioridad.  En otras también la fatalidad ha creado pánico. Lo de Honduras, aterrador.  Soy lector de Dostoievski, quien dice: “se puede juzgar el grado de civilización de una sociedad entrando en sus prisiones”. Al menos han de ser lugares limpios, decentes, ordenados. Justicia, Policía y prisión, han de ser instituciones para reprimir e impedir la barbarie humana, que corre constantemente con sus crímenes, delitos, y corrupciones. Tenemos un orden que todos estamos obligados a mantener.

Reduciendo la barbarie vivimos mejor. De ahí la necesidad de velar siempre por una buena Policía, bien formada, ilustrada, compasiva y en alerta para que nos defienda. A la justicia debemos respetar y ésta ha de mantener sus ojos cerrados para no obrar por simpatía ni por venganza.  Pero la prisión no debe ser antro cualquiera, y hemos de reconocer que se ha velado por mejorarla, ya que no siendo lugar de castigo sino de expiación, siempre ha de ser la consecuencia de la “humanización del derecho” de que hablan los tratadistas.


Otra cosa es la sinvergüencería en que se ha convertido la institución de la casa por cárcel. El Tiempo de Bogotá recientemente informó de miles de condenados a tal pena, irrisoria, que no aparecen por parte alguna. Siempre me ha parecido que Gaitán tenía razón cuando hablaba del “perro que solo muerde a los de ruana”, refiriéndose a la justicia de esas calendas.  Un campesino de origen cierto, no debe ser condenado a pena privativa de la libertad, su salario mínimo es lo único que tiene, si mucho,  deja mujer e hijos con hambre, toda clase de privaciones, abandono absoluto.  La mujer tiene que irse con otro que le dé comida, resulta criando más hijos. ¿Qué tal?


Su familia también vale; carece de recursos para subsistir; de ahí resultan otras uniones libres que es preciso considerar. En cambio, descansan en propias residencias delincuentes contra la administración pública, que violan las normas “a sabiendas”, preciso es que se inviertan los papeles si se trata de enfrentar la corrupción.  ¿Cuándo veremos esos “casos invertidos”? Los campesinos debieran tener solamente presentaciones periódicas. Probado su arraigo en una zona rural, los jueces deben tener libertad para juzgar casos menores de esa manera. 

Autor:
Alfonso Gomez Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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