Es posible que sea una tendencia globalizada como tantas otras, pero lo cierto es que de un tiempo relativamente poco para acá, son muchas las revistas que circulan sobre todos los temas, especialmente los de farándula, como se dice ahora. Una ligera mirada a un puesto de revistas callejero fácilmente nos da un promedio de 20 revistas de circulación periódica, todas de magnifica impresión y colorido que la verdad sea dicha, invitan a su lectura y al disfrute de sus magnificas fotografías. Cuando aparecen datos estadísticos sobre la poca cantidad de libros que leemos en promedio los colombianos comparados con otros países, pienso que la afición a hojear y hojear tantas revistas sobre tantos temas puede ser la causa para no ocuparnos de los libros. En el trabajo diario de un funcionario o ejecutivo colombiano, es posible que le resulte más necesario saber sobre el contenido de la última revista Semana que sobre el último libro o novela de Carlos Fuentes, para citar al escritor recientemente fallecido. Lo ameno de las revistas acompañadas de fotos y la calidez de los artículos que caracterizan estas publicaciones, es posible que sea la principal causa para que el libro haya sufrido por decirlo de alguna manera, este apreciable desplazamiento. No creo que haya alguna institución que pueda mantener suscripciones a todas las revistas que se publican en Colombia no solo por su elevado costo, sino porque creo que nadie tiene tiempo suficiente para leerlas y además porque lo más probable es que con ellas no se puedan hacer buenas bibliotecas. La cultura que se desprende de la lectura de revistas es bien diferente de la que dejan los libros, como siempre lo han dicho los expertos en asuntos académicos. Quizá por eso mismo se dice que nuestra cultura colombiana tiene la fugacidad y la intrascendencia de un artículo de revista de farándula. Somos por naturaleza poco profundos en nuestros juicios y apreciaciones, como bien lo dijera el maestro Luis López de Mesa en sus estudios sobre el carácter y el comportamiento cultural de los colombianos. No se sabe hasta cuándo nos dure esta afición por las publicaciones rápidas y periódicas para salirle al paso a la moda o a las exigencias diarias de los productos de consumo masivo en detrimento de las publicaciones en libro sobre la evolución del pensamiento colombiano en los campos del saber humano. Como todo no puede ser criticable, no sobra destacar la especialidad en los temas que se pueden ofrecer en una revista para que sea atractiva a un determinado sector o aficionado a cualquier tema, pero independiente de eso, no podemos olvidar que para todo hay clientes en la vida.