A raíz de una crónica sobre la vida por demás austera del presidente actual de Uruguay, José (Pepe) Mujica, hemos traído a la memoria algunas anécdotas sobre el comportamiento sencillo y austero de algunos de nuestros presidentes colombianos, que lejos de producir vergüenza ajena más bien nos llenan de orgullo, dada la honradez y espontaneidad que tenían estos actos, en épocas en que la figura presidencial no tenia tanto protocolo ni estaba rodeada de tanta exigencia social y política, susceptible de ser magnificada por los medios de comunicación. Antes que presidentes nuestros mandatarios se han caracterizado por ser ciudadanos comunes y corrientes, pues bueno es decirlo, afortunadamente no existen en Colombia familias o dinastías nacidas o educadas solamente para mandar. De ahí que hayan llegado a la presidencia ciudadanos de todos los estratos sociales, después de escalar con cuidado y acierto la mayoría de las dignidades del Estado. Un repaso a las biografías de nuestros mandatarios nos lleva a descubrir que sus primeras ocupaciones estuvieron casi siempre ligadas a la producción manual de bienes y servicios como única forma para ganarse el sustento y costear sus estudios. Don José Manuel Marroquín, dicen que acostumbraba ir personalmente a la plaza de mercado, un poco a conocer de primera mano la opinión de las gentes sobre su gobierno y otro tanto para encontrar inspiración para sus novelas costumbristas y sus anagramas que hacía como una diversión personal. Proverbial también el comportamiento del presidente Benito Pérez y Castro, por allá en los albores de la República, que aseguran suspendía las labores propias de su cargo para atender los quehaceres de su casa. Digno de mención especial cuando de honradez y pulcritud se trata, el caso del presidente Marco Fidel Suárez, que prefería compartir su sueldo con los agiotistas que merodeaban los despachos públicos, vendiendo su suelto por anticipado para atender sus necesidades personales, antes que aprovecharse de su condición y tomar para sí dineros públicos. Contrastan estos ejemplos de austeridad con las excentricidades de los mandatarios de otras latitudes, que sorprenden por la imaginación para gastar plata.