Un corto sondeo de opinión realizado por televisión en días pasados arrojó con sorpresa que es mayor el número de personas que no creen en los pronósticos del Ideam que los que sí le creen.Caprichoso e impredecible que es nuestro trópico no nos ha permitido hasta ahora confiar en los pronósticos realizados por expertos y con la ayuda de equipos de alta tecnología que rastrean con el mayor cuidado la dirección y la composición de las nubes. Por lo visto seguimos confiando en la tradición y en las personas de mayor edad que guardan con cuidado los mejores secretos de la madre naturaleza. La vida del campo necesita sin lugar a dudas de un conocimiento mínimo sobre el clima y los diversos estados del tiempo. Hasta hace un buen tiempo las cabañuelas eran un claro indicio de lo que podría ocurrir a lo largo de todo el año en materia de lluvias y verano, pero parece que ahora tampoco son confiables porque el mes de enero se ha vuelto demasiado seco como para aceptar que todo el año será sin lluvia. La información casi centenaria que trae el almanaque de la Cabaña y el almanaque Bristol posiblemente siga siendo el medio de consulta sobre los estados del tiempo. Como bien lo reconoce el director de este instituto, siempre será difícil predecir con exactitud el estado del tiempo en esta región del mundo tan cambiante y tan compleja. Como es el estado del tiempo, así también es nuestra manera de pensar, preferimos lo aproximado a lo exacto y bien definido. Lo fortuito nunca falta en todas nuestras actividades y en cualquier trabajo de planeación por exigente que sea. El buen viajero en nuestro medio lleva de todo por si acaso, lo mismo que el ciudadano que sale a la calle en las horas de la mañana, debe estar prevenido para que a una mañana soleada, le siga una tarde lluviosa y fría. Con esta falta de credibilidad en el Ideam, no nos extrañamos que haya que consultar a un brujo para quitar o poner la lluvia, como ya se hizo hace algunos años para un festival de teatro. Nunca sabremos si esta incertidumbre climática sea buena o mala para nuestra producción agrícola ahora cuando se está pensando en ampliar el número de hectáreas cultivadas para intentar volver a ser autosuficientes en algunos productos básicos del consumo nacional, pero por ahora no sobra que mejoremos la credibilidad en un instituto serio como hasta ahora ha sido el Ideam. Prevenir desarreglos climáticos para evitar catástrofes, de por sí es una tarea que casi nunca se valora con juicio cuando están de por medio los accidentes así sean menores.