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Sábado 08 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Las bolsas de plástico

Columnista: Alfonso Marin

Solo hasta el 1 de julio empezamos los colombianos a pagar un impuesto por el uso indiscriminado de las bolsas de plástico. Así sea un poco tardía esta medida en atención a que en el mundo más de 120 países lo vienen aplicando como último recurso para tratar de lograr alguna sostenibilidad ambiental, no sobra celebrar esta decisión. Coincide esta determinación del Ministerio del Medio Ambiente con varios informes de carácter mundial sobre la amenaza del plástico en la supervivencia del planeta, dado que en la actualidad llegan al mar más de un millón de toneladas al mes de este material que dura cientos de años en descomponerse. No podemos negar que nosotros los colombianos y los latinos en general somos un tanto sordos a estos llamados de la naturaleza, que lo hace justamente cuando ya está a punto de periclitar. Con la minería ilegal creo que está pasando algo parecido y que ojalá que si se toma alguna medida para corregir en algo este desastre, no llegue demasiado tarde, cuando todo se haya perdido y tengamos que llorar sobre la leche derramada. La protección al medio ambiente es hora de que no figure en ningún plan de gobierno, porque es de suponerse que es un compromiso de Estado no sometido al vaivén de ninguna administración en particular, si en verdad queremos avanzar en este campo con una mayor decisión. Para disminuir el uso de las bolsas de plástico en nuestra vida diaria, seguramente que tendremos que hacer uso del canasto que por muchos años fue el amigo de todos los hogares. Volveremos a repetir el dicho antiguo, de que el que se casa quiere casa y el canastico a la plaza, que era sinónimo de compromiso en el matrimonio. Por fortuna en nuestro país hay muchos lugares donde tejen magníficos canastos de fibras naturales que nos permitirán volver a lucir este accesorio con orgullo, tal como lo hacían las matronas de antaño cuando salían acompañadas de sus empleadas a hacer el mercado. Si a estos canastos se le agrega algún diseño original, así como ya lo están haciendo con las ruanas de Boyacá, muy pronto tendremos un nuevo renglón de exportación tan vigoroso y rentable como los sombreros vueltiaos y un sinnúmero de artesanías, que nos hacen sentir orgullosamente colombianos.

Autor:
Alfonso Marin
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