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Sábado 19 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Recogiendo hormigas

Columnista: Alfonso Marin

Aunque ya haya pasado la temporada de lluvias del primer semestre propicia para la salida de las hormigas culonas, tan apetecidas en todo el país, se han tenido que seguir recogiendo las que habían pintado los artistas de la región y que se habían puesto para decorar el Paseo del Comercio. Como el vandalismo no permitió que continuaran en el centro de la ciudad, no han faltado por fortuna personas e instituciones que las han restaurado y situado en sitios visibles de la ciudad como el Centro Comercial El Cacique y Cañaveral, que muy pronto nos permitirán seguirlas disfrutando para que no se pierda este esfuerzo artístico del Instituto Municipal de Cultura.

No cabe duda de que las hormigas culonas son un referente inequívoco de nuestro departamento y constituyen de por sí una manifestación cultural que se confunde con la misma tradición de nuestros antepasados, los indígenas Guanes. Para ellos según los cronistas de la región, eran un manjar de excepcional significado que solo se utilizaba para celebrar acontecimientos tan representativos en la vida de su comunidad como el matrimonio y el nombramiento o posesión de un nuevo cacique.

Sin que se haya perdido la tradición, es posible que las nuevas generaciones de santandereanos no conozcan muy bien los orígenes y características de nuestras hormigas culonas, para lo cual recomiendo el libro de mi amigo Víctor Martínez Villalba, quien con paciencia de monje Benedictino madrugaba hasta el mismo lugar donde había hormigueros para hacerle seguimiento cuidadoso a la salida de las esquivas hormigas y su ejército de hormigas obreras de diferentes clases, que le dan un ambiente de avanzada peligrosa a su recolección.

De todas las hormigas existentes en el hormiguero se ocupó don Victor, para dejarnos un documento que vale la pena repasar cuando se quiera hablar de nuestro producto insignia en la cocina regional. Como este libro está agotado, no sobra sugerir que se haga una segunda edición para que los santandereanos valoremos no solo la calidad de nuestras hormigas sino el trabajo que conlleva recogerlas y después prepararlas para que sean agradables al paladar. Así no hayan quedado en el escudo de Santander, las culonas seguirán identificando a nuestro departamento y por extensión a todos sus habitantes en el concierto nacional.

Autor:
Alfonso Marin
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