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Sábado 02 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

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Columnista: Alfonso Marin

Para quienes tuvimos la fortuna de nacer en municipios o parroquias un tanto lejanas de la capital, llevamos metida en el alma la idea de que el progreso y la tecnología nos llegaban con bastante tiempo de retraso. Mientras en la capital la luz eléctrica hacía más amable la vida y las noches se parecían a los días, en los pueblos todavía las velas y las lámparas de petróleo se seguían utilizando como la única alternativa de luz, lo mismo que el teléfono privado o el gas domiciliario, que algún día llegaron para regocijo de la comunidad y que nos hicieron sentir orgullosos porque el progreso había llegado hasta nuestros hogares.

Ahora que el progreso tiene el sello de lo satelital y globalizado parece que la tecnología camina más rápido porque no tiene el impedimento de las redes físicas que demoraban su instalación, circunstancia que permite que simultáneamente el servicio llegue a todos los rincones de nuestra accidentada geografía. Por esta razón que ahora nos parece tan sencilla, podemos registrar con orgullo que el servicio de internet tiene una cobertura del 98% de los municipios de Colombia y que cada 6 de 10 municipios disfruta de banda ancha. Este pequeño detalle volvió de un momento a otro apetecibles los municipios de Colombia y acercó la provincia a los núcleos urbanos dejando sin excusa la ignorancia que siempre se escondía en la falta de comunicaciones que caracterizaba a los pueblos.

Recuerdo que en mí ya lejana juventud el castigo para un funcionario de mala conducta era trasladarlo a un municipio para que el tedio y el aburrimiento lo hicieran cambiar, mientras ahora es tal vez un premio a su buen comportamiento, porque en la provincia tiene todo, empezando por unas magníficas señales de internet y televisión que le permiten disfrutar del buen fútbol en buena compañía sin interrupciones por el ruido o las manifestaciones que no le permiten llegar a tiempo a su lugar de trabajo. No oculto mi alegría porque siga llegando tan rápido la tecnología a los pueblos de Colombia, porque sin duda en esos lugares apartados de las capitales están las mejores reservas intelectuales y morales del país. La nueva Colombia seguirá llegando silenciosa como han venido llegando desde los satélites las señales que hacen cada vez más pequeño este mundo que de niños considerábamos demasiado grande para nuestra imaginación.

Autor:
Alfonso Marin
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