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Sábado 09 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Una firma por favor

Columnista: Alfonso Marin

Posiblemente ninguno de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 se imaginó que la participación democrática contemplada en la Constitución fuera en algún momento la tabla de salvación de los candidatos a la presidencia de la Republica cuando los partidos políticos hicieran crisis, como está ocurriendo en este momento. Según lo han venido repitiendo los medios de comunicación, parece que un total de 26 candidatos inscribirán su nombre respaldados por firmas obtenidas en todos los rincones del país. Si así ocurre, no será extraño que a la vuelta de cada esquina alguien nos pida una firma por favor, para un candidato del cual muy poco sabemos, distinto a que quiere ser Presidente. Como las firmas que hay que recoger son muchas, no faltará que cuando la Registraduría haga la verificación aparezcan como suele suceder cada vez que se hace este mismo ejercicio, firmas de personas fallecidas, niños sin cedula, personas de la tercera edad sin facultades de razón, y un montón de etcéteras que le darán a la candidatura inscrita un manto de ilegalidad, que lejos de ayudar a conseguir votos, hará que los pocos que tenían se alejen.

Como los colombianos somos dados a recurrir a la ley, seguramente vendrán paralelas las demandas entre los distintos candidatos alegando nulidad en las inscripciones con lo cual a todo el proceso electoral le entra algún tufillo de impunidad con los infractores del proceso de recolección de firmas. Por el bien de la democracia ojalá esto no suceda y cada colombiano inicie su participación democrática en las próximas elecciones presidenciales estampando su firma con el número de su cedula en los formularios autorizados por la Registraduría, sin cobrar nada y teniendo como única recompensa colaborar con la purificación de las costumbres electorales, que son al final las que fortalecen la democracia.

Recordando un poco mi actividad de Notario, no olvido a aquellos ciudadanos que asistían siempre en los pasillos de la Notaría, ofreciendo el servicio de testigos, cuando alguno de los documentos exigía la presencia de testigos para la legalización de un documento. En este caso ya no se necesitan uno o dos testigos, sino miles para avalar una candidatura.

Autor:
Alfonso Marin
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