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Sábado 02 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

El almacén TÍA

Columnista: Alfonso Marin

Con nostalgia hemos tenido que aceptar que nuestro tradicional almacén TIA haya cerrado definitivamente sus puertas. Al igual que todos los almacenes de esta cadena, el de aquí de Bucaramanga tenía de puertas para adentro muchas anécdotas, pues fue durante mucho tiempo el símbolo presente del centro de la ciudad.

Recuerdo el impacto que causó entre los bumangueses el día que abrieron sus puertas al público, en un local tan grande que unía la calle 35 con la 36. Para los habitantes de la provincia venir a Bucaramanga y no entrar al TIA era algo así como perder el viaje; al regreso había necesidad de llevar los regalos en bolsas con membrete del TIA para probar que sí habíamos venido a la ciudad. Así como el edificio de C.P. Clausen en la calle 5 de la antigua nomenclatura, actualmente la Notaría 7 fue el sitio de reunión de los paisanos del siglo XIX, el almacén TIA lo fue para los del siglo XX hasta el día de hoy cuando se cerraron sus puertas.

La vida política y social de la Bucaramanga de mediados del pasado siglo se ventilaba la mitad en el almacén TIA y la otra mitad en el Café Inglés, que quedaban justamente el uno al lado del otro, como para que no quedara ninguna otra posibilidad de encuentro que no fuera allí. Estos dos lugares tan tradicionales fueron en su momento algo así como una especie de plaza pública a donde todos concurríamos en busca del amigo, del paisano o en el mejor de los casos de un amor furtivo.

El centro de Bucaramanga sinceramente nunca ha tenido muchos atractivos, pero con la llegada del almacén TIA a mediados de los años 50, se abrieron otras posibilidades que nos hicieron pensar que la pequeña ciudad se estaba modernizando, pues además de Universidad teníamos almacenes de cadena. Mucha historia menuda de nuestra ciudad se quedará por siempre encerrada en las instalaciones de este almacén, que cierra sus puertas por falta de clientes, porque los nuevos compradores se fueron para los centros comerciales modernos que ofrecen más productos y además diversiones para chicos y grandes, ahora que el concepto de familia es más amplio.

Muy pocas edificaciones y sitios antiguos van quedando del centro y es lógico que así ocurra para que se note el progreso, pero ojalá no se pierda del todo el interés por mantener la memoria viva sobre la configuración física de la ciudad, cuando era para todos la Ciudad más Cordial de Colombia, simplemente porque había sitios como el TIA, donde todos los ciudadanos éramos iguales.

Autor:
Alfonso Marin
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