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Sábado 16 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

La muerte de Bolívar

Columnista: Alfonso Marin

No recuerdo con exactitud si cuando yo estaba niño el 17 de diciembre, aniversario de la muerte del Libertador Bolívar era una fiesta patria, pero de todas maneras las autoridades civiles y militares celebraban con algún acto académico o litúrgico este aniversario.

Lo que sí recuerdo con emoción fue la fiesta del primer centenario de su fallecimiento el 17 de diciembre de 1930. Durante todo el año se hicieron múltiples programaciones en todo el territorio nacional como preparación para el acto final de diciembre. Por todo el país se colocaron piedras conmemorativas con las fechas en las cuales el Libertador había pasado por ese lugar. Todavía es fácil encontrar en pueblos y ciudades dichos monumentos recordando su memoria y sus hazañas. Según los cronistas pocas fiestas conmemorativas tan preparadas como esta, digna del Padre de la Patria. Las publicaciones sobre su vida y su obra fueron generosas y llegaron hasta todos los rincones de Colombia para que nadie se quedara sin algún recuerdo. El sesquicentenario celebrado en 1980 también fue una fiesta memorable, con asistencia de varios Presidentes de las republicas Bolivarianas en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta lugar de su fallecimiento. Para los de mi generación y algunas subsiguientes Bolívar era un personaje totalmente familiar, pues existía como parte de los estudios de enseñanza media de la Cátedra Bolivariana que se complementaba con la de Historia de Colombia, al contrario de ahora que no existen ninguna de las dos en primaria ni en secundaria, razón por la cual es difícil pedirle conocimientos sobre Bolívar a los jóvenes; algunos con dificultad saben que nació en Caracas y murió en Colombia, siempre y cuando no se les pregunte las fechas de los dos acontecimientos. Habrá que esperar al 2030 en su segundo centenario para volver sobre la figura del Libertador que tanto significado tiene para nuestro continente. América Latina es un legado de Bolívar que sigue buscando con afán su propia identidad. Como estamos en tiempo pre-electoral me permito citar la parte final de su proclama que nunca ha perdido vigencia: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión Yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Autor:
Alfonso Marin
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