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Sábado 03 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

La casa de Bolívar

Columnista: Alfonso Marin

Desde hace un buen tiempo hemos venido leyendo periódicamente los santandereanos, columnas de opinión respaldando a los académicos de la historia, en su solicitud comedida a las autoridades del orden nacional, departamental y municipal de ayuda económica para salvaguardar y proteger del deterioro definitivo la Casa de Bolívar de Bucaramanga, palacio presidencial del Libertador en 1828, y primer museo arqueológico de la ciudad. La última que leímos fue el pasado martes, escrita por don Edmundo Gavassa Villamizar, donde además llama la atención sobre la amenaza del Instituto Colombiano de Antropología e Historia de proponer el traslado del museo a otro lugar de Colombia que ofrezca un poco más de seguridad a este patrimonio cultural del país. Me uno de corazón y sentimiento a este llamado de los santandereanos, para que la desidia y los enredos burocráticos de la administración pública no refundan en el mar del olvido este compromiso indispensable con la historia y la cultura de nuestra región. La Casa de Bolívar de Bucaramanga es sin duda el símbolo más representativo de todo el oriente colombiano, o solo por su significado histórico en la formación de nuestra nacionalidad, sino porque además alrededor suyo se ha creado todo el desarrollo intelectual de Santander. En la Academia de Historia se han escuchado las mejores ideas sobre el devenir de la región y se han echado las bases de las primeras instituciones políticas, que con el correr de los años nos han permitido ser una patria libre y soberana. Desde cuando el Libertador caminaba por sus amplios pasillos, dictando normas y decretos en su calidad de Jefe de Estado, la Casa de Bolívar sigue siendo el lugar preferido por toda la ciudadanía para repasar la historia y fortalecer los sentimientos ciudadanos. El honor que tiene nuestra ciudad de tener la única sede presidencial, distinta a Bogotá, nos obliga a mantenernos atentos, para ofrecer nuestro concurso para que este patrimonio recupere su habitual esplendor y siga siendo la joya de la corona, dentro del inventario histórico y cultural de la región. Los niños y los jóvenes serán los primeros en reclamar si por cualquier descuido esta Casa de Bolívar pierde la dignidad que ha tenido.

Autor:
Alfonso Marin
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