Sábado 17 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

La primera jornada

Columnista: Alfonso Marin

Para bien de todo el país, terminó la primera jornada electoral del presente año. Independiente de los resultados obtenidos por las diferentes listas al final del proceso ya se notaba en el ambiente cierto cansancio por el acoso publicitario a que estábamos sometidos, dada la cercanía de los distintos candidatos con sus posibles electores. En esta época de infinitos medios de comunicación, sin duda son muchas las maneras que tenemos a la mano para llevarle información a la ciudadanía en cualquier sentido. Para fortuna de todos, este ejercicio democrático es cada cuatro años, pues no nos imaginamos como era este ejercicio democrático durante casi todo el siglo XIX, cuando los periodos presidenciales tanto de la República como de los Estados Soberanos eran de dos años cada uno, como diría algún cronista de la época, un año recibiendo y otro entregando. Como los medios de comunicación eran tan incipientes, toda la campaña publicitaria corría por cuenta de los famosos “comandos partidistas”, encargados de mantener informada a la comunidad sobre el proceso electoral a través de reuniones el día de fiesta o el día de mercado, o en el mejor de los casos con distribuciones gratuitas de periódicos o proclamas para la comunidad que sabía leer y escribir. Sin duda esta fue la época dorada del periodismo nacional, pues no se podía llegar a la presidencia de la República sin tener un periódico propio, para comunicar sus ideas y propuestas, tal como en su momento lo hizo Don Antonio Nariño en 1811 con su periódico La Bagatela. Esta permanente actividad política y electoral fue, según algunos historiadores, la principal causa de muchas guerras civiles en todo el territorio nacional, las cuales se vieron bastante disminuidas cuando los periodos se ampliaron y se suspendieron las elecciones regionales. Para quitarle ese sabor guerrerista que tenían los Comandos del buen sentido común y los nuevos dirigentes que son los que renuevan la política, empezaron a llamarlos Directorios, un poco más acorde con los nuevos tiempos y los nuevos vientos que llegaban desde todos los rincones del país. A pesar de que los directorios no han desaparecido del todo, muy seguramente otra figura vendrá a reemplazarlos porque ya no se necesitan.

Autor:
Alfonso Marin
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