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Sábado 19 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Las damas rosadas

Columnista: Alfonso Marin

Nada más agradable para un cronista de las cosas del diario vivir, que registrar las buenas obras realizadas con el único sentimiento de ayudar al prójimo, como el caso de la labor permanente, eficiente y eficaz de las Damas Rosadas. Medio siglo llevando ayuda y consuelo físico y espiritual a la población más necesitada de nuestra región merece nuestro sentido agradecimiento. Muchas familias que en medio de sus tribulaciones no habían recibido consuelo de nadie, seguramente lo han encontrado en la generosidad casi anónima de esta institución dedicada a hacer el bien sin mirar a quién. Inspiradas en las damas rosadas que durante la segunda guerra mundial recorrían los hospitales y las trincheras de los soldados heridos en combate para llevarles un remedio o un alimento, nuestras Damas Rosadas de Bucaramanga recorren a diario los hospitales y clínicas para ofrecer ayuda no solamente al enfermo, sino a los mismos familiares de estos enfermos que venidos desde los rincones mas apartados de nuestro departamento, no saben a dónde ir ni cómo solicitar correctamente los servicios médicos. En un mundo de complejidades para todo, inclusive para recibir ayuda, se hace indispensable una guía generosa y oportuna que lo lleve por el buen camino. Ya no se trata solamente de visitar al enfermo para cumplir con esta obra de misericordia; se hace necesario auxiliar al doliente para que pueda asistir al enfermo. Los albergues de las Damas Rosadas prestan un servicio social de invaluable contenido y vocación humanitaria. Allí se brinda alojamiento y alimentación a las personas del campo o de otros lugares lejanos que vienen a Bucaramanga por servicios médicos y tratamientos que por razones de costos les sería imposible recibir. Este mensaje de ayuda humanitaria ha logrado llegar hasta otros sitios de nuestro departamento posiblemente con los mismos resultados obtenidos aquí en Bucaramanga. Personas dedicadas a hacer el bien y a socorrer al necesitado por fortuna se encuentran en muchas partes. La parábola del buen samaritano se sigue cumpliendo en el mundo. Vidas ejemplares de personas que lo dejaron todo por ayudar al prójimo hay bastantes, algunas más notorias que otras, empezando por San Francisco de Asís y Santa Clara en el siglo XIII, más tarde San Vicente de Paúl en pleno siglo XVI, considerado por los historiadores como el siglo sin piedad por las dificultades y miserias vividas por los habitantes de aquel tiempo. Bucaramanga es una tierra fértil para el voluntariado social y destacamos que junto con las Damas Rosadas se acercan cada día hasta el corazón triste del enfermo y el desvalido, la Sociedad de San Vicente de Paúl, La liga contra el Cáncer, Las hermanitas de los pobres, las Damas Grises y muchas otras.

Autor:
Alfonso Marin
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