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Sábado 25 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Globalización en todo

Columnista: Alfonso Marin

Cada día es mas frecuente observar cómo lo que pasa en un lugar del mundo muy pronto sucede y con similares características en otros países y en distintos continentes. Por la frecuencia de este fenómeno no podría asegurarse que es una eventual coincidencia.


Pareciera que en muy poco tiempo, muchas voluntades se pusieran de acuerdo para crear condiciones parecidas que permitan estas expresiones de la voluntad popular. Las protestas en contra de algún gobierno del norte de África, por ejemplo, muy pronto alcanzaron a todo el vecindario hasta el punto de hacer cambiar el mapa político de todo un continente. En materia deportiva, las llamadas barras bravas en los estadios comenzaron su acción en algunos estadios de Europa y en muy poco tiempo ya eran un problema nacional en casi todos los estadios del mundo incluyendo a los nuestros, hasta llegara al clímax con la tragedia de Egipto con un saldo muy alto de víctimas. El ejemplo de nuestros "dictadores democráticos" como alguien graciosamente los llamó, también ha venido cundiendo especialmente en América Latina; parece que ninguno se quiere ir voluntariamente del cargo y para quedarse recurren a todo tipo de artimañas, incluyendo claro está la reforma amañada de sus respectivas constituciones.


En materia de servicios públicos ya no son solamente los controladores aéreos de Colombia los que protestan, también los de España, Alemania, etc. como si las condiciones salariales de unos y otros hubieran hecho crisis al mismo tiempo. Los últimos ejemplos de simultaneidad global los hemos podido apreciar en la quiebra económica casi simultánea y parecida de casi todos los países de Europa. El problema financiero de Grecia ya ha hecho metástasis, para emplear un término de moda, en otros países que no son ni siquiera vecinos de Grecia como Italia y Portugal.


El último ejemplo de globalización en todo lo bueno y lo malo lo estamos viviendo en estos días con los incendios al interior de las cárceles, con un saldo exagerado en el número de víctimas que nos permite visualizar la magnitud del problema que se vive al interior de estos centros de reclusión. Estos incendios posiblemente provocados por los mismos reclusos se iniciaron en México, pasaron al Perú, alcanzaron su máxima expresión trágica en Honduras e infortunadamente llegaron hasta nosotros en la cárcel de Palogordo en Girón, también con un saldo de muertos y heridos.


Hagamos pues votos y pidámosle a Dios en esta Semana Santa para que se queden en la mitad del camino o por lo menos no nos lleguen tan rápido tantos ejemplos de descomposición social que mantienen el mundo a prueba de su capacidad de resiliencia para reponerse de lo sucedido y proyectarse con mayores bríos a los retos futuros.

Autor:
Alfonso Marin
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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