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Sábado 28 de Abril de 2012 - 12:01 AM

El día de la Tierra

Columnista: Alfonso Marin

El fin de semana pasado se celebró  con  relativo entusiasmo  el día universal de la tierra.


Contrasta la frialdad  de la celebración  con el cariño que las nuevas generaciones tienen actualmente por la naturaleza. No cabe duda  que  las campañas iniciadas hace unas décadas y por todos  los medios de comunicación han  venido logrando su objetivo. Aunque todavía hace falta mucho más compromiso para recuperar  lo perdido en tantos años de  deterioro, es bueno celebrar  que  caminamos por un horizonte diferente.  Las  leyes, las campañas,  las acciones  y lo mejor de todo, las lecciones aprendidas en clase por los  futuros ciudadanos del mundo nos han hecho cambiar para que el trato brindado a la naturaleza sea ahora menos severo que antes.  


Una lista de estos logros podríamos iniciarla con la certeza que actualmente se tiene, de que la naturaleza contiene miles de recursos indispensables para nuestra subsistencia, pero  que no son inagotables y que además, existe la necesidad imperiosa de cuidarlos y propender por su recuperación cuando están amenazados o en vía de extinción.


Algo que a mi parecer  también hemos logrado en este tema, es  haber superado  la idea de que el compromiso ambiental puede ser una propuesta ingeniosa de algún gobierno o un compromiso aislado de la empresa privada  para convertirlo en una  obligación respaldada por la ley y la comunidad nacional e internacional. Los planes de desarrollo que por estos días están a la orden del día en la deliberaciones de los Concejos y Asambleas de todo el país, parten de la base de que sean compatibles  con la naturaleza para que se consideren factibles. Nuestra lista bien puede ser más larga, pero solamente he citado estos logros como constancia de que si hemos avanzado al contrario de otras voces que a diario nos  asustan con la denuncia permanente de que todo está perdido  y que además no se vislumbran acciones para detener la catástrofe.  


Sinceramente, creo que la mejor ayuda que le podemos  brindar a la naturaleza dentro de nuestras escasas posibilidades individuales es la moderación  y objetividad en la apreciación  de las políticas  y acciones  puestas en práctica tanto por la empresa privada como por el gobierno en la salvaguarda del equilibrio  ecológico y los recursos naturales a nivel general.
En su momento, para Abraham Lincoln que fue leñador, la caída de un árbol debió ser la inclinación reverente de la naturaleza frente al poder del hombre en busca de progreso; ahora esta misma acción no pasa de ser un atropello abusivo e injustificado contra el medio ambiente, que no produce ningún dividendo político.

Autor:
Alfonso Marin
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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