Publicado por: Alvaro Beltran Pinzón
Aunque las expectativas por un promisorio “tiempo de primavera” que el teólogo Hans Küng vaticinaba para la Iglesia Católica antes de la elección del nuevo pontífice no aparecen nítidas con la escogencia del papa Francisco, sí hay motivos para albergar una dosis de esperanza, habida cuenta de sus primeras actuaciones y su ejercicio como obispo de Buenos Aires.
Por un lado, no son de esperar giros trascendentales en la manera como abordará temas cruciales como el aborto, la eutanasia, la anticoncepción o la unión de parejas del mismo sexo, por cuanto sus reclamaciones por una “coherencia eucarística” según la cual no es compatible recibir la comunión y simultáneamente propiciar posturas tolerantes en esos aspectos, han sido muy explícitas.
Sin embargo, es bien conocida la permanente exigencia a sus párrocos en el sentido de que deben ponerse al lado de los desvalidos. También han sido frecuentes sus críticas hacia los gobiernos por “el acostumbramiento a la pobreza” y la falta de una acción más decidida para frenar las inequidades “inmorales, injustas e ilegítimas”; asimismo ha insistido en que los derechos humanos no solo se violan con el terrorismo, la represión o los asesinatos, sino también al adoptar estructuras económicas que originan notorias desigualdades.
Su experiencia con la problemática de los países latinoamericanos, atravesada por dificultades políticas, económicas y sociales y cuya búsqueda de solución no ha podido escapar a las tentaciones del populismo y de la violencia, lo hace parecer un líder dispuesto al diálogo y a acercarse a diferentes colectivos, de lo cual es ejemplo su pronta carta al rabino Jefe de Roma, en la que expresa su deseo de contribuir al progreso de las relaciones entre ambas religiones.
El mensaje transmitido a través de sus ejercicios tempranos de humildad y de ausencia del boato y del esplendor característico de las jerarquías en el poder, aunado a su vocación pastoral, hacen pensar que su pontificado se centrará en encontrar, según sus propias palabras, “una respuesta ética, cultural y solidaria para saldar la deuda social con los pobres”.










