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Lunes 10 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Restauración institucional

Columnista: Alvaro Beltran Pinzón

Se percibe irreparable el grave daño que le ha infringido la corrupción a toda nuestra institucionalidad. Resulta desmoralizante que en los más sonados casos las investigaciones por tan vergonzosos episodios solo parecen avanzar hasta donde la justicia de los Estados Unidos destapa evidencias.

Es muy factible que escándalos como el Odebrecht, el del fútbol o el del “abanderado” de la Fiscalía en la lucha contra la corrupción no se hubieran conocido, de no mediar la intervención norteamericana. La impunidad es aterradora, el descaro rampante y el contagio insospechado. Hasta el gesto de solicitar perdón, sin que se pueda evidenciar un ápice de sinceridad de parte en sus actores, es utilizado en forma inescrupulosa por delincuentes de todo pelambre para, supuestamente, colocarse a paz y salvo. Actitud que también ha acogido el propio Estado colombiano.

La banalización que se ha apoderado del recurso del perdón es una manifestación más de la degradación en la que se ha incurrido, hasta derivar en una inaceptable muestra de desconsideración e irrespeto hacia la sociedad.

La profunda descomposición que se advierte en la moral ciudadana nos lleva a cuestionarnos acerca de si existe fundamento alguno para vislumbrar en el futuro un Estado capaz de generar seriedad, credibilidad y acatamiento como condiciones indispensables para aplicar la majestad de la Ley y ser garante del establecimiento de una democracia legítimamente incluyente y facilitadora de la equidad social. Asunto complejo que atañe a todas las ramas del poder público. Está por verse si logra aclimatarse una conducta que tenga por propósito y única motivación el rescate de la Nación. ¿Será posible esta ilusión?

La viabilidad de la restauración institucional demanda, desde el interior del comportamiento individual, un auténtico esfuerzo para liberarnos de la marcada tendencia ancestral al atajo y a dejarnos seducir por reyertas que buscan exacerbar los ánimos en beneficio de ambiciones personales. Solo así podría esperarse la emergencia de fuerzas políticas que sean voz y aliento del nuevo aire que se requiere.

Autor:
Alvaro Beltran Pinzón
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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