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Lunes 04 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

La indignación por la corrupción

Columnista: Alvaro Beltran Pinzón

Pese a que todos los candidatos y partidos se declaran en disposición de luchar contra el flagelo de la corrupción que nos ha invadido, es notoria la incredulidad de las gentes frente a dichas manifestaciones y crecen las expresiones de repudio, especialmente en redes sociales. Mucho se ha especulado sobre la influencia que ejercen las formas alternativas de comunicación en el comportamiento de las personas y su potencial ha suscitado ilusiones y temores apocalípticos.

Sin embargo, para que la indignación generalizada por el saqueo del Estado pueda tener posibilidad de traducirse en un cambio en el manejo de la cosa pública, resulta esencial ser conscientes de algunas de sus limitaciones.

El componente fundamental de los movimientos sociopolíticos impulsados a través de medios digitales tiene que ver con el estímulo de las emociones, hasta el punto de “cambiar nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento y nuestra convivencia”, apreciaByung-Chal Hun en su libro En el enjambre, en el que advierte, además, que su temporalidad es el presente inmediato.

Refiere también, el filósofo coreano,que las inconformidades masivas “son una sociedad del escándalo que carece de firmeza, de actitud. La rebeldía, la histeria y la obstinación características de estas corrientes de inconformidad, no permiten ninguna comunicación discreta y objetiva, ningún diálogo, ningún discurso. Es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción”.

Si no se quiere caer en el ciclo parabólico que caracteriza a las olas de indignación, es indispensable el sustento de un proyecto político que conduzca a la transformación real que demandan nuestras instituciones. El mensaje para que goce de perdurabilidad, sea creíble y se traduzca en movilización electoral debe contener propuestas tangibles.

Aunque es de Perogrullo la validez del aforismo popular, conforme al cual: hacer lo mismo repetidamente y esperar resultados diferentes no pasa de ser una soberana estupidez, es pertinente indagar qué tan dispuesta está la Nación colombiana para emprender las correcciones de comportamiento que se requieren.

Autor:
Alvaro Beltran Pinzón
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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