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Lunes 06 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Obras son amores…

Columnista: Alvaro Beltran Pinzón

Ha promulgado el Gobierno Nacional los decretos 4796, 4798 y 4799 de 2011, de los ministerios de Salud, Educación y Justicia, reglamentarios de la Ley 1257 de 2008, por medio de la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres.

Quiere decir esto que los esfuerzos por frenar el abuso y el maltrato femenino y propender por la igualdad en libertades individuales y en oportunidades de trabajo, por el reconocimiento de sus capacidades, la salvaguardia de su dignidad, su reivindicación y presencia cierta en las posiciones de representación democrática y de liderazgo, tienen ahora expresión legal.

No otra cosa es lo que se confirma con la puesta en marcha de estos decretos, que afortunadamente apuntan a poner coto y erradicar desmedidas costumbres patriarcales que confinaron a la mujer a la cuasi servidumbre del hogar, al sacrificio de sus posibilidades y, lo más grave, en épocas pasadas, privaron a la vida social del país de su valioso aporte.

Sin embargo, la experiencia indica que la sola expedición de la disposición legislativa no es suficiente si no se acompaña de una pedagogía y de un respaldo solidario. Como lo recuerda Florence Thomas, “Colombia es un país de leyes y de papeles”, por lo que la tarea inmediata es hacer visible y efectiva la norma como parte de la conciencia ciudadana, pues es de esta manera como se puede involucrar a las personas en el acatamiento respetuoso de los mandatos formales.

Lo contrario es crear la ley y esperar que se convierta en letra muerta, relegarla a ser un referente inocuo o consolarse con los formulismos de ellas y ellos o santandereanas y santandereanos y  tantas otras expresiones de retóricas enunciaciones de una igualdad que carece de arraigo en la conducta de las gentes (bien anota Arturo Pérez Reverte de la Real Academia Española, que esta reiteración innecesaria del género masculino y femenino, “es un circunloquio inadecuado, empobrecedor, artificioso y ridículo”).

Más allá de los formalismos y de los ademanes, de las buenas intenciones y de las proclamas, lo que se requiere en este caso -como en tantos otros acogidos por nuestra legalidad- es darle cuerpo a esta justa iniciativa mediante un verdadero compromiso de todos.

Autor:
Alvaro Beltran Pinzón
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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