Viernes 08 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Franz Georg Kolschitzky, el hombre que nos enseñó a tomar café

Columnista: Anastasia Espinel

Esta historia comenzó en 1683, cuando las tropas otomanas del sultán Mehmed IV penetraron hasta el mismo corazón de Europa y asediaron la ciudad de Viena. La situación de los sitiados parecía tan desesperada que no podrían subsistir mucho tiempo sin recibir ayuda y, para solicitarla, enviaron a un emisario que debería cruzar las líneas enemigas. Aquella tarea difícil y peligrosa recayó en un joven ciudadano llamado Franz Georg Kolschitzky, ya que había vivido algunos años en Oriente y dominaba la lengua turca.

Disfrazado de turco, Kolschitzky pudo atravesar el campamento enemigo, cruzar el Danubio y llegar hasta las posiciones del emperador Leopoldo I y del conde Carlos V de Lorena quienes prometieron su ayuda a los sitiados. Con aquel apoyo y, además, gracias a la información exacta sobre la ubicación de las tropas otomanas obtenida por Kolschizky durante su recorrido, los vieneses pudieron contraatacar y derrotar al enemigo que huyó despavorido, dejando en manos de los vencedores 25.000 tiendas de campaña, 5.000 bueyes, 10.000 camellos, 100.000 toneladas de granos, una gran cantidad de oro y unos 500 costales de extraños granos oscuros, desconocidos para los europeos de la época.

Nadie sabía qué hacer con aquel botín insólito salvo Kolschitzky, quien había visto a los turcos tostarlos, molerlos y preparar una infusión. Por lo tanto, los reclamó como parte del trofeo y abrió en Viena la primera cafetería donde inicialmente se servía el café preparado de manera tradicional, a lo turco, es decir, puro y sin endulzantes. No obstante, su sabor amargo no apetecía a nadie ni atraía demasiados clientes hasta que a Kolschitzky, hombre tan valiente como creativo y emprendedor, se le ocurrió añadirle a la poco apetitosa “bebida turca” una cucharada de miel y otra de nata batida, dando el origen al famoso “café vienés” cuyo éxito comercial fue inmediato.

Fue así como el café, bebida sin la cual no pueden iniciar su día millones de personas en todo el mundo, comenzó su marcha triunfal desde aquella primera cafetería en Viena por el resto de Europa hasta conquistar el mundo entero.

Autor:
Anastasia Espinel
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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