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Domingo 31 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

La ecuación proceso de paz – reelección

Parece haber entre los observadores políticos una preocupación creciente por lo que podríamos llamar, con el perdón de los algebristas, la ecuación proceso de paz-reelección.

La preocupación puede resumirse así: por estar Juan Manuel Santos interesado en la reelección, y por haber él mismo establecido como indicador principal de su desempeño la culminación feliz de un proceso de paz, entonces habría una alta probabilidad de que Santos obre de manera imprudente para conseguir una rápida culminación del proceso, aparentemente exitosa, y poder exhibir esto como bandera de campaña.

Frente a esta tesis tengo un cierto grado de escepticismo. Explicaré por qué.

Básicamente, no estoy convencido de este razonamiento por cuanto no estoy convencido de su premisa. Es decir, no creo que sea tan seguro, como parecen dar todos por sentado, que Juan Manuel Santos quiera la reelección.

Aclaro que reconozco que es posible que, por simple cuestión de fuerzas políticas, Santos se vea obligado a buscar la reelección, pero insisto en que no creo que esto sea su voluntad.
Creo que Juan Manuel Santos desea más ser expresidente que presidente. He tenido durante estos dos años y medio la sensación de que a Santos no le agradan las tareas ordinarias del gobierno, pero le fascinan todas aquellas ocasiones o instancias que le permitan tener figuración y ser objeto de aprobación y reconocimiento. Y estas últimas llegan con más facilidad a un expresidente, sobre todo a uno que, tal como aspira Santos, haya culminado la increíble tarea de terminar el conflicto con las Farc.

Por eso mi sensación es que la preferencia de Santos es firmar el acuerdo con las Farc y no volver a la Presidencia. Si logra el acuerdo se convertiría en una gran figura internacional: muy probablemente ganaría el Nobel de Paz; se convertiría en un cotizado conferencista mundial, y probablemente sería secretario general de algún organismo multilateral.

Creo que eso atrae más a Santos que cuatro años más de ese dolor de cabeza interminable que es la Presidencia de Colombia. Cuatro años más de pueblos inundados en invierno, protestas
campesinas, bandas criminales, hospitales públicos en quiebra, etc. O peor: cuatro años de administrar las colosales dificultades del postconflicto.

La preocupación que para mí subsistiría es diferente: Santos parece tener una obsesión por la imagen y las encuestas. Esa es una debilidad que muy fácilmente puede hacerle proclive a tomar malas decisiones, incluso en el proceso de paz.

Autor:
Andrés Mejía
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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