Publicado por: Andrés Mejía
Empiezo por aclarar que soy amigo de los consensos y del pragmatismo. Con excepción tal vez de las épocas de crisis, en las cuales es necesario que un líder asuma banderas y se aferre a ellas para salvar a su nación, prefiero los gobernantes que de manera pluralista conforman acuerdos, buscan acercamientos con diferentes sectores, y en lugar de enarbolar banderas ponen en marcha políticas prácticas encaminadas a obtener resultados.
Al principio de su gobierno, a muchos nos pareció que lo descrito en el párrafo anterior se adecuaría al estilo de Santos. Y lo celebramos. Celebramos por ejemplo, el hecho de que hubiese tendido puentes de acercamiento con sectores como las altas cortes y las ONG de derechos humanos, con los cuales el gobierno anterior había chocado.
Con el tiempo hemos venido a descubrir que las cosas son un tanto diferentes: Santos no es ese gobernante pragmático de consensos; tiene más bien un estilo de gobierno consistente en tratar de complacer a todos los sectores y en responder afirmativamente a todas sus peticiones. Aunque ello tenga similitudes aparentes con el estilo del gobernante pragmático, tiene en el fondo diferencias esenciales.
La principal es que la búsqueda pragmática de acuerdos y consensos exige conciencia de las limitaciones, sinceridad en la interlocución y sobre todo, orientación hacia resultados.
La estrategia de decirle a todo el mundo que sí ignora por excelencia las limitaciones: seguramente no será posible complacer a todos los sectores. Implica, además, una actitud poco sincera, por cuanto esas concesiones se dan solamente para calmar temporalmente una inconformidad o para obtener un apoyo político en el corto plazo. Y por la misma razón anterior, no responde a estrategias claramente identificadas en pos de resultados.
El gran problema para este tipo de gobernante es que más temprano que tarde empiezan a cobrarle sus compromisos. Tal cosa parece que ha empezado a pasarle al presidente Santos, incluso con algunas de las fuerzas políticas de su coalición.
Y también con sectores sociales: Dignidad Cafetera, el movimiento que ha venido canalizando la inconformidad del sector y que lideró el paro cafetero, ya publicó un comunicado donde enumera varios incumplimientos del gobierno en sus compromisos recientemente adquiridos. Nos espera, al parecer, un año lleno de agitación política y social. Un año de inconformidad agravada por el incumplimiento de las promesas.










