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Domingo 29 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Venezuela: el fantasma de Diosdado

Columnista: Andrés Mejía

Tan pronto se supo que el presidente Chávez padecía una grave enfermedad, y en medio de rumores según los cuales ésta no le daría más de un año de vida, empezaron las conjeturas sobre quién podría ser su sucesor.

Entre la nebulosa y compleja estructura del chavismo, era posible discernir en ese entonces dos bandos: uno, civil, liderado aparentemente por Nicolás Maduro y Elías Jaua, bando que gozaría del favor de los cubanos y del propio Chávez. El otro bando, de origen militar, lo compondrían antiguos oficiales de Chávez, caídos en relativa desgracia por sospechas de corrupción y por la ostentación de sus fortunas. Lo lideraría, según las conjeturas, Diosdado Cabello.

En ese entonces, muchos pensamos que el primer sector prevalecería, cosa que nos tranquilizaba ya que ese sector, a diferencia del segundo, no simpatizaba con las Farc.

Una serie de confusos hechos hacen que hoy pensemos lo contrario: podría ser el sector militar el que prevalezca. Baste mencionar el polémico nombramiento del general Rangel Silva como ministro de defensa y la intención de postular a Jaua y a Maduro a gobernaciones regionales.

Diosdado Cabello había ocupado alguna vez cargos de alta importancia en el chavismo. Fue fiel a Chávez desde el 4 de febrero de 1992, cuando, siendo teniente, participó en la tentativa de golpe de Estado. En 2002, cuando Chávez mismo sufrió un breve golpe de Estado, fue Cabello quien reasumió el gobierno mientras Chávez regresaba de La Orchila.

Había pasado a un cierta oscuridad después de perder la gobernación de Miranda en 2008, y luego de que estallara el escándalo de los “boliburgueses”, en el cual se vio que algunos chavistas fieles poseían fortunas escandalosas. Volvió en las elecciones parlamentarias de 2010: fue elegido diputado por el PSUV, y ahora es presidente de la Asamblea.

“Sueño con tantas cosas que infunden tanto miedo”: la entronización de este sector bien podría convertir a Venezuela en un narcoestado militarista. Ha sido ese sector militar, más que el de los ideólogos civiles, el que ha cultivado la relación con las Farc. Y contra varios de ellos, Rangel sobre todo, son numerosas las acusaciones de participación en el narcotráfico.

Colombia se vería forzada a convivir con un país relativamente hostil, sostenido por la renta petrolera y gobernado por unos militares que se enriquecen con el narcotráfico.

Será un dolor de cabeza tras otro.

Autor:
Andrés Mejía
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