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Domingo 05 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

“Un corredor de narcotráfico...”

Columnista: Andrés Mejía

Continuamente, los colombianos nos regodeamos en falsas ilusiones acerca de las Farc. Tal vez ellas nos brindan algo de calma, o nos ayudan a ver esta interminable tragedia con ojos justicieros. Pero ilusiones son al fin y al cabo: nublan nuestra capacidad de entender la realidad, y de actuar eficazmente frente a ella.


Ejemplo por excelencia: las Farc son una banda criminal que dejó atrás toda ideología revolucionaria y no hace más que traficar con droga y ganar dinero. Nos entretuvimos con esta ideíta en los noventa, para descubrir luego que las Farc siguen teniendo como propósito central la toma del poder y la instauración de un régimen político. El narcotráfico es un instrumento pragmático que financia el avance hacia el objetivo.


Con el horrible atentado de Tumaco volvieron las ilusiones. En particular una que es derivación de la anterior: las acciones de las Farc se explicarían, según tal visión, por su necesidad de proteger corredores y rutas de narcotráfico y armas. Incluso en el alto gobierno creen semejante cosa, la cual carece de lógica.


Basta pensar esto: si el interés de las Farc fuese cuidar un corredor de narcotráfico y garantizar que éste siga funcionando, ¿por qué harían algo que, bien saben ellos, causaría la airada reacción del gobierno y ocasionaría el envío a la zona de miles de soldados y policías y la realización de intensas operaciones militares? Atraer a las autoridades no parecería ser la mejor manera de cuidar un corredor de drogas y armas.


Pero nuestro sentido de justicia nos empuja a ver en ellos a criminales sin propósitos. Y nos cegamos. Y no vemos que dicho atentado corresponde a un propósito estratégico: a una ofensiva cuyo propósito podría ser reafirmar la fortaleza militar de las Farc. Hizo falta otro ataque, lejos de allí, en el Cauca, e hizo falta recordar otros recientes en otras regiones, para que empezáramos a ver que estamos frente a una ofensiva armada.


De una organización que supuestamente, además, se está dividiendo. Pues esa organización supuestamente dividida ha realizado recientemente acciones en Nariño, Cauca, Valle, Tolima, Antioquia, Catatumbo y el Caquetá. No entiendo cómo ello pueda explicarse, si no es porque aún existe un mando central con capacidad de fijar objetivos y coordinar acciones. Un mando central que además preserva el objetivo político de la organización, así éste pueda calificarse de arcaico y anticuado.

Autor:
Andrés Mejía
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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