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Domingo 26 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Petróleo, minería y estabilidad macroeconómica

Columnista: Andrés Mejía

Rudolf Hommes defiende, en columna en El Tiempo el pasado viernes, el papel de la minería como actividad económica. Rechaza la idea de que la preponderancia del sector extractivo en el PIB necesariamente conduzca a la llamada "enfermedad holandesa", o a las otras disfunciones macroeconómicas que suelen verse en los países que dependen del subsuelo.


Para apoyar la tesis del columnista, me permitiré relatar una historia personal.


En 2009, cuando escribí el libro "El destino trágico de Venezuela", revisé prácticamente toda la literatura sobre los efectos macroeconómicos del petróleo y de la minería. En ella parece flotar la idea de que necesariamente los recursos del subsuelo son una desgracia. Por excelencia puede verse el clásico "The Paradox of Plenty" (La paradoja de la abundancia) de Terry Lynn Karl, el cual articula y defiende la idea de una "maldición de los recursos".


Pero en esa búsqueda hice un descubrimiento fascinante: la obra de Asdrúbal Baptista, economista venezolano, profesor en Cambridge y quien, a mi modo de ver, es la única persona que ha comprendido por qué, y en qué casos, la riqueza del subsuelo se vuelve una condena. Su libro más importante es "Teoría económica del capitalismo rentístico".


Un día, conversando con el profesor Baptista le repetí la clásica letanía sobre la enfermedad holandesa, la corrupción, el despilfarro, y los otros males que configuran la llamada "maldición de los recursos". Me respondió: "si vas a sostener la tesis de que los recursos son una maldición, tendrás entonces que explicarme sesenta años de la historia de Venezuela".


Tenía razón. Desde mediados de la década de 1920 (cuando empieza la gran explotación petrolera en Venezuela) hasta finales de la década de 1970, la economía venezolana es un éxito: sus indicadores son consistentemente positivos, lo cual se puede ver en el ascenso de su producto por habitante.


El desastre empieza a finales de los setenta: es allí cuando se empiezan a manifestar las distorsiones. ¿Qué había ocurrido? En 1974, Venezuela decretó la nacionalización total de la actividad petrolera. El Estado (no el país) se volvió multimillonario en cuestión de segundos; ya no necesitó los tributos de la sociedad civil; esa abundancia lo corrompió, y de allí en adelante Venezuela viene cuesta abajo.


Los recursos del subsuelo contribuyen a la economía, siempre y cuando no rompan el balance entre Estado y sociedad civil. Fenómenos colaterales, como la revaluación, pueden manejarse con buenas políticas.

Autor:
Andrés Mejía
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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