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Domingo 29 de Abril de 2012 - 12:01 AM

La Marcha Patriótica y las Farc

Columnista: Andrés Mejía

Si se quiere entender con precisión un hecho es imprescindible quitarse el lente moral: los juicios morales, necesarios en el ámbito que les es propio, suelen sin embargo nublar la comprensión plena de los hechos políticos. A riesgo de provocar la ira de algunos, trataré de hacer justamente eso con el difícil tema de la Marcha Patriótica y las Farc. Porque en este momento de nuestra historia, más que juzgar necesitamos entender.


En los grupos que conforman la Marcha Patriótica yace la base social y política de las Farc, y de agrupaciones que les son afines. Como pudo verse, no es despreciable en tamaño ni en capacidad de organización. No participa en las principales tendencias de la opinión nacional, formada por las mayorías urbanas. Pero es muestra representativa de un sector que también pertenece a la Nación colombiana, y que proviene sobre todo de zonas rurales muy marginadas.


De nuevo aclaro: registro hechos, no hago valoraciones. Y un hecho innegable es que, en zonas muy vastas del país, la gente ha convivido con la guerrilla durante cuatro décadas, y jamás ha visto al Estado ni a sus servicios. La base social de las Farc no se formó por la adherencia ideológica a su proyecto, sino por el hecho de que ese grupo fue la autoridad efectiva en grandes zonas del país, y en otras lo sigue siendo.


Desde nuestra comodidad urbana sería fácil recriminar a estas personas. Ellas, sin embargo, en lo profundo de sus olvidadas regiones, no han conocido más vida que la vida con las Farc, y lo mismo ocurrió a sus padres y a sus abuelos.


Reconocerlo no implica dar legitimidad moral a las Farc. Desconocerlo sí puede llevar a graves errores estratégicos.


Pero no todo es pueblo. Tras la movilización de estas bases hay estrategas. ¿Qué pretenden? Mis hipótesis son dos: primero, hacer una visible exhibición de fuerza social y política, para ganar poder de negociación en vísperas de un posible proceso de paz. Segundo, empezar a constituir el movimiento político en el que aspirarían a transformarse.


Un movimiento político que, en palabras de sus propios líderes, nace bajo la inspiración y la nostalgia de la Unión Patriótica. Bienvenido el símil: porque Colombia no puede permitir otra masacre política como la que sufrió dicho grupo, pero tampoco puede volver a admitir a organizaciones que con una mano sostienen pancartas, y con la otra secuestran y asesinan.

Autor:
Andrés Mejía
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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