“No me importa lo que hayan dicho, simplemente estaba feliz de verlos dialogando en vez de estar gritando o dándose bala entre ellos”, fue la respuesta del dueño de una pequeña tienda ubicada cerca a la plaza de Tahir en la ciudad de El Cairo. El tendero reaccionaba a un hecho por él nunca presenciado: un debate por televisión de los principales candidatos a la presidencia de Egipto.
Esta semana este país celebró por primera vez elecciones, un año después de la toma de la plaza Tahir por parte de un movimiento que logró tumbar el régimen de cerca de 30 años establecido por Hosni Mubarak, hoy sometido a juicio. Nadia Fahmy, de 70 años, se obsesionó por ser la primera persona en acercarse a un centro de votación y decidió esperar por cerca de dos horas y media sentada en una silla plástica a que se abrieran las urnas. “Vengo a votar por primera vez en mi vida”, dijo la abuela. “Es mi anhelo ver una nueva generación para mi país. Deseo que todo cambie”. Para Nadia su voto representa la construcción de un futuro.
Cada país construye su futuro a su manera y con particularidades a su cultura e historia. Egipto irá a una segunda ronda y tendrá que decidir entre un futuro secular o un gobierno donde el islam tenga mayor prevalencia.
Mirando lo que pasa en Egipto, por estos días me puse a reflexionar cómo en la vida ciudadana ciertas cosas van perdiendo el lustre y la profundidad de su significado. En la pasada campaña electoral, en Colombia criticábamos el número de debates, su extensión que si la corbata, que si el vestido, que si el tono, que si se asustó o no. El alto abstencionismo es un símbolo de nuestra falta de interés. Quizás ello ocurre porque olvidamos su valor y la continua manipulación y abuso nos llevan a la apatía.
Hoy asistimos en Colombia a una polarización sin precedentes. El terrorismo, que atenta contra la democracia, no produce como efecto el hacer un frente común sino un escenario de mutuas acusaciones en donde el sesgo político mancha cualquier iniciativa. Perdemos así de vista quién es el enemigo. Que podamos rescatar nuestro futuro y que la pasión con la que los egipcios están probando la democracia nos sirva para enfocarnos y proteger lo valioso.

