Miércoles 22 de Octubre de 2014
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Carlos Chaverra
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Sábado 22 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

Me pido la ventana

Autor: Carlos Chaverra

Siempre que viajo procuro asegurar un puesto en el pasillo. Mi argumento es que dicho puesto es mejor, porque se pueden estirar las piernas, no molesta a nadie en caso de tener que ir al baño y asegura una rápida salida al momento de llegada. Además, permite ser el primero en abrir el maletero y no queda uno expuesto a un compañero de puesto lento, de aquellos conversadores o despistados que esperan hasta último momento para bajar del avión. Pensándolo bien, creo que el puesto del pasillo me da la sensación de poder controlar mejor la situación, hecho que por sí mismo es una falsa ilusión, ya que como pasajero en un avión nada podemos opinar ni hacer para decidir cómo llegar mejor a nuestro destino.

Hace poco me cogió el afán y no me cercioré de pedir el puesto de siempre. Para mi sorpresa quedé en la ventana. Mi reacción inmediata fué tratar de cambiarme pero...nada que hacer, ya estaba atrapado. Confieso que me puse un poco nervioso por encontrarme en una posición no acostumbrada, aunque pensándolo bien mis nervios se debían más a descubrir cómo el hábito me había hecho tan rígido, que pequeños cambios me ponían inquieto.

Pero mi desasosiego inicial fue pasando rápidamente. Por la ventana podía ver el sol de madrugada, la forma de las nubes y las agrestes montañas con sus pequeños caminos. Pude apreciar a mi ciudad  “desde arriba” y asombrarme de su crecimiento. Al alcanzar la altura de crucero, se ve  un cielo azul sin fin que invita simplemente a agradecer la vida. Al arribo aprecié el verde de la sabana, un paisaje totalmente distinto pero igualmente bello.

No me molestó que  a mi llegada me tocara un vecino lento ni demorarme para salir. Así que aprovechando las Navidades y de cara al 2013 decidí que me atreveré a buscar más oportunidades para “pedirme la ventana”. Seré más atrevido y abandonaré las posiciones de pasillo a las que me he acomodado. Hablaré menos y escucharé más, pensaré despacio pero actuaré rápido.
Trataré de entender que servir es mejor que ser servido y que aunque por la ventana se avizore tormenta no me quedaré en el pasillo del temor o el oportunismo. ¡Ah difícil desacomodarse! pero estoy seguro que pedirse la ventana ofrece más increíbles paisajes de los que uno se imagina.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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