Publicado por: Carlos Chaverra
La pareja tenía más de 80 años. Estaban allí sentados frente al periodista que los entrevistaba, cogidos de la mano. Cada vez que alguno tomaba la palabra el otro lo miraba con respeto, admiración y cariño. Eran los padres de Steven Spielberg, el famoso director de cine que nos ha traído películas tan disímiles y extraordinarias como ET el Extraterrestre, las aventuras de Indiana Jones y la Lista de Schindler.
Entrevistaban a los padres de Spielberg a propósito de la reciente película dirigida por su hijo, “Lincoln”, que narra los avatares del presidente americano por pasar la enmienda en la Cámara de Representantes que aboliría, en 1865, la esclavitud en Estados Unidos. La película tendría 12 nominaciones y le permitiría a su protagonista, Daniel Day Lewis, ganar su tercer Oscar como mejor actor personificando al presidente conocido por su “noble carácter”.
Dentro de la entrevista, Spielberg narraba cómo dejó de hablarle a su padre por más de 15 años por una infidelidad que había cometido con su madre. Llegué a pensar que la pareja amorosa que había visto sería el padrastro, ya que grande sería la ofensa para separar de tal manera a un padre de su hijo. Pero se reveló la verdad: resulta que la persona que había sido infiel había sido la madre de Spielberg y el padre había mantenido silencio todos estos años porque no quería que su hijo tuviera una mala imagen de ella. Además le dijo el padre al periodista: “yo siempre la he amado”. Hoy ya la relación está restablecida y el director y sus padres gozan de una intensa relación familiar.
Me llamó la atención la nobleza del padre que dio para aguantar la injusta indiferencia de su hijo y le permitió perdonar y seguir amando a su esposa y a su hijo. Evidentemente el padre entendió que existía un propósito superior que iba más allá de su propio sufrimiento.
Hoy nuestros ilustres padres de la patria se acusan mutuamente de infidelidades, invitando a la ciudadanía a ir por los caminos de la polarización y las malquerencias. Los propósitos nobles se vuelven viles cuando se enredan en palabras que matonean y denigran a la contraparte. Ojalá nosotros los ciudadanos tengamos la sabiduría para mantener el matrimonio de la Constitución y las leyes: un propósito superior que merece nobles reflexiones.









