Jueves 21 de Agosto de 2014
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Carlos Chaverra
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Sábado 27 de Julio de 2013 - 12:01 AM

¿Existe el justo medio?

Autor: Carlos Chaverra

“El informe permite confirmar que entre 1958 y 2012 el conflicto armado ha ocasionado la muerte de por lo menos 220.000 personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos. A pesar de la escalofriante magnitud estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la guerra es el anonimato, la invisibilizacion y la imposibilidad de reconocer a todas las víctimas. Además de la magnitud de muertos, los testimonios ilustran una guerra profundamente degradada, caracterizada por el aterrador despliegue de sevicia por parte de los actores armados sobre la inerme población civil. Esta ha sido una guerra sin límites, en la que, más que las acciones entre excombatientes, ha prevalecido la violencia desplegada por la población civil”.

Un buen amigo me critica que “encomille” textos porque, dice, el lector busca algo original del columnista y además una encomillada indica que el escritor está falto de inspiración. Así que al leer este párrafo del estudio del Grupo de Memoria Historica, publicado esta semana, quise encontrarle un significado superior o una debilidad en su formulación … pero, ¿qué decir? ¿Cómo cambiar palabras como “escalofriante magnitud”, “profunda degradación”, “aterrador despliegue de sevicia”? Pensé escribir que todo es una exageración o que existe una conspiración de oscuras fuerzas desestabilizadoras. Pero el informe está respaldado no solo por una metodología, sino más importante aún, las tumbas están allí, las voces de personas y víctimas no dejan camino distinto que enfrentar y reconocer. Ya el presidente Santos dio un primer paso, manifestando que el Estado ha tenido su cuota en tanta tragedia.

Nos encontramos esta semana en la discusión ante la Corte del Marco Jurídico para la Paz y hasta la fecha los argumentos en favor y en contra se parten por la mitad. Impunidad total o la implantación del “máximo nivel de justicia posible” es lo que está en juego. Pero, ante el tamaño de la tragedia, ¿podemos establecer un “justo medio” en que todas las partes se sientan redimidas? Más que una alta dosis de jurisprudencia se requerirá insistir en allanar caminos de perdón y restitución. De lo contrario, las generaciones venideras no entenderán cómo ante la evidencia documentada de nuestro conflicto no fuimos capaces de encontrar caminos distintos a mutuamente aniquilarnos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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