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Sábado 05 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Urgencia existencial

Columnista: Carlos Chaverra

¿Pueden las personas de edad madura cambiar? El titular de la columna me causó cierto escozor. Mi primera reacción fue ponerme un poco a la defensiva, lo cual indicaba que la frase había tocado alguna fibra. “Por supuesto”, pensé “¿cómo no va a ser posible que uno ya entrado en los cincuentas no pueda cambiar?” Luego recordé una conversación que tuve alguna vez con un amigo en la que recordábamos épocas en los cuales la energía y las horas dedicadas al trabajo eran casi estoicas. Parecía que el cansancio nunca nos alcanzaba y el stress del cambio más que un enemigo lo veíamos como una inyección de cafeína que nos mantenía alertas. “¿Por qué no somos así ahora?” nos preguntábamos. La conclusión a la que llegamos era que nuestra edad atajaba nuestros ímpetus de antaño.

El autor de la columna, David Brooks, un sociólogo, escritor y columnista del NY Times describe a dos personas llegando a los 60 que deciden cambiar de profesiones exitosas a actividades más vocacionales de impacto social. Menciona que un primer paso fue llegar a una especie de pubertad moral en donde el cálculo del “yo” fue perdiendo valor dentro de la ecuación de valor y significancia.

Estos “veteranos” afirmaban que los atacó también una súbita “urgencia existencial” donde el afán de protagonismo y “hacerse cargo” se fue cambiando no tanto por el deseo de un apacible anonimato sino más bien por una curiosidad insaciable de aprender, escuchar y establecer relaciones con propósito.

Descubrí que la expresión “urgencia existencial” fue la que me movió el piso y me puso a la defensiva. No sé muy bien si es porque no he llegado a ella por estar inmerso en las cavilaciones del ego o porque sé que se agota el tiempo de estar en la reflexión y se hace necesario dar los pasos para invitarla a mi vida sin condiciones.

Pensándolo bien, esto de la “urgencia existencial” si bien se acentúa con los años, debería ser para todas las épocas. Al final lo que nos invita es a tener la curiosidad de niño, cierta dosis de ingenuidad y optimismo y el coraje para arriesgarnos a proponer cambios sin ponerle tanto peso al qué dirán y cuánto se gana a cambio. Así que, manos a la obra, bienvenida la “urgencia existencial”.

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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