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Sábado 02 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Astutos como la serpiente, mansos como la paloma

Columnista: Carlos Chaverra

“La ignorancia es poder… y la agnotología es la creación deliberada de la ignorancia”. Con estas palabras Robert Proctor, un historiador científico de la Universidad de Stanford, se afirmaba en su investigación sobre las prácticas de las firmas tabacaleras para ocultar informaciones sobre los efectos del consumo de tabaco en la originación de enfermedades como el cáncer.

“Robert Proctor investiga cómo la ignorancia se genera activamente en la sociedad a través de fuentes como el secretismo militar o judicial y por medio de políticas deliberadas. La manufactura de la ignorancia es muy común, como en el caso del calentamiento global que sigue poniéndose en duda en algunos colectivos, como si no se tratara de verdades científicas. El autor afirma que este tipo de tecnología de la desinformación surge de la industria tabacalera.”

“He aquí la explicación al debate de la posverdad”, pensé para mis adentros. Procter afirma que la agnotología niega la credibilidad de las fuentes y hasta los mismos hechos de forma tal que se presenta una absoluta degradación de la verdad “por medio de la retórica de la desinformación.”

Estaba meditando sobre esto y cuando ya estaba a punto de declararme víctima de esta estrategia de confusión, encontré un comentario sobre un estudio de dos investigadores de la Universidad de Cornell, Dunning y Krueger, en donde afirman que tendemos a sobrevalorar nuestras aptitudes sociales e intelectuales. “Los individuos de escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio”. Además, agregan, la persona competente tiene la tendencia a infravalorarse al dudar de la capacidad de los demás

Y ahora ¿qué vamos hacer con el año electoral que se nos avecina? ¿Y qué decir de la nueva interpretación de lo que constituye una votación mayoritaria en el Congreso o de los tweets con los que nos bombardean a diario? Entre la Agnotología y Dunning-Kruger no nos quedan muchas defensas a los ciudadanos de a pie.

Nos tocará acudir al viejo adagio bíblico: mansos como la paloma y astutos como la serpiente. Una mezcla de humildad acerca de nuestra propia importancia nos agudizará el oído y calmará nuestra locuacidad. Si le agregamos una voluntad de escudriñar con lupa lo que nos dicen y no comer entero, podremos construir a una formula salvadora.

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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