Sábado 22 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Adiós a los partidos

Columnista: Carlos Chaverra

“Renuncia colectiva en al Partido Liberal” nos anuncia el diario ‘El Espectador’. “Este miércoles, importantes miembros del Partido Liberal tomaron la determinación de renunciar a esa colectividad. Argumentaron que, durante los últimos años, la colectividad liberal se caracterizó por apoyar, entre otras cosas, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el Acuerdo de Paz, las libertades públicas y los derechos humanos, y lamentablemente, de manera sorpresiva e inexplicable, se abandonaron en los últimos meses”. Alegan los firmantes de la misiva que el partido cayó en un oportunismo político al no declarase en oposición al ejecutivo y optar más bien por declararse independiente en la reciente reforma del estatuto de oposición.

“El liberalismo hizo el mundo moderno pero el mundo moderno se está volviendo en contra del liberalismo. Europa y América están a la vera de una revolución popular en contra de las élites liberales, que se tornaron autocomplacientes e incapaces o sin interés en resolver los problemas de la gente del común”. Nos dice el semanario inglés ‘The Economist’, que en el cumplimiento de sus 175 años de existencia, se cuestiona seriamente la salud del liberalismo, visto como el compromiso universal a la dignidad individual, mercados abiertos, gobierno limitado y la fe en el progreso humano surgido por el debate y la reforma”.

No sé si esta definición de liberalismo encaja dentro de lo que el Partido Liberal proclama o sus disidentes, que dicen saldrán a defender las verdaderas ideas liberales, reclaman haber perdido. Duro trabajo tendrán el uno y el otro en convencer a los ciudadanos de la claridad de sus ideales.

Para no echarnos la culpa de la fragilidad de los partidos a nuestra particularidades políticas locales, era difícil creer hace unos años que los Chinos estarían defendiendo a ultranza el libre comercio y los americanos buscando a toda costa ser “grandes de nuevo” con barreras proteccionistas antes inimaginadas. Esto sin contar la clara disfuncionalidad de gobernanza donde los ideas no se analiza por sus méritos sino bajo el prisma de posiciones radicalizadas.

¿Adiós a los partidos? ¿Estamos mejor sin ellos? ¿Dónde quedarían los ideales y propósitos superiores que nos autorregulen para gobernarnos?

Difícil cuando las ideas quedan sujetas al que sea más capaz de imponer su fuerza.

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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