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Sábado 22 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Cuestión de dignidad

Columnista: Carlos Chaverra

"El servicio que presta la biblioteca es deficiente, lo invito que se una a la protesta" me dijo mi amigo, "es cuestión de dignidad, merecemos que nuestra biblioteca esté a la altura de las mejores del país". Pensé que haríamos una marcha como las que hacían en Colombia y alcancé a imaginarme un escenario de tirar piedra, despelotar el tránsito, pintar consignas en las paredes y aprovechar la oportunidad para protestar por otras cosas. Finalmente, el clímax llegaría en el momento del enfrentamiento con la fuerza pública. "Esta es la costumbre en mi país", le dije a mi amigo. Práctica que a pesar de los años lastimosamente no hemos perdido, pienso hoy.


"La protesta consiste en que haremos una vigilia en la biblioteca y pasaremos allí toda la noche" "¿y después qué haremos?" pregunté. "Nos iremos nuevamente a clase como cualquier día normal". Me pareció que la estrategia de mi amigo no tendría más efecto que el trasnocho y que nuestra protesta se la consumiría el anonimato de la noche. Me explicó que en su país había que manifestar la indignidad de una manera digna," al fin y al cabo amamos nuestra universidad y queremos lo mejor para ella."


Manifestar la indignidad de manera digna ha sido una característica (con algunas excepciones) de los recientes movimientos de protesta que los medios han denominado de los "indignados". Hace ya un par de meses un pequeño grupo de personas se congrego en Wall Street para expresar su indignidad por la codicia del sistema financiero. Hoy esto se ha extendido a otras ciudades. Las protestas recogen el sentir de que hemos convertido nuestras democracias en un sistema de beneficio individual en donde prevalece la ley del más fuerte(o el más vivo) sobre el bien común. Por la crisis económica se cuestionan igualmente los excesos de endeudamiento de los países y la capacidad del capitalismo de auto regularse.


¿A dónde irá a parar todo esto? Si es cuestión de manifestar nuestra indignación con dignidad, ojalá nos cuidemos de caer en anarquías y oportunismos políticos. No olvidarnos que las sociedades dignas se construyen sobre el convencimiento de que estamos llamados a cuidar lo que heredamos de nuestros padres y a entregar una cosecha que permita construir mejores frutos a los que vienen. ¿Una utopía? Quizás, pero, ¿por qué no apuntar a conseguirla?

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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