Publicidad
Dom Oct 22 2017
21ºC
Actualizado 07:53 pm
Sábado 28 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Aquellos tiempos…

Columnista: Carlos Chaverra

Mis hijos me miran con cierto asombro cuando les cuento cuáles eran mis planes de sardino. Les digo que en mi época existían una especie de garajes cuya única función era alquilar cuentos (o como decíamos en aquellos tiempos, comics). Allí por una cómoda suma  se podía dedicar una tarde a disfrutar de las historietas del Llanero Solitario y su caballo Plata o incursionar por las marañas de la selva con el Fantasma o el más conocido, Tarzán. De los superhéroes me gustaba más Flash que Aquaman. Le tenía pavor al Doctor Mortis y no sé por qué razón (ya que la calidad de impresión era regular), me sentía todo un héroe leyendo las historietas mejicanas de los luchadores  El Santo y Blue Demon.
Mis hijos tecnológicos no comprenden bien esto de  que había que leer las historias cuando hoy el Hombre Araña o Batman se pueden apreciar en tercera dimensión, al instante, con un click del computador o una visita al cinema. Para mí las historietas tenían un mayor significado ya que mi padre las leía conmigo y cuando veía que me gustaba más alguna que otra me compraba  la colección.

Un buen día me contó que mi abuela le leía cuentos  y esto era para él  su momento especial con ella. Entendí entonces el significado que para él tenía regalarme estas historietas. Como padre “a la antigua”, esta era su forma de entablar una relación conmigo y de repetir  aquellos tiempos. Era su  manera de decirme que me amaba y que era importante para él. Las historietas  evolucionaron a los libros y hoy, ya después de viejos los dos, iniciamos  siempre nuestras conversaciones con lo que hemos leído y lo veo repetir con su nieta lo mismo que hizo conmigo: expresar su amor regalándole un buen libro.

Nunca pensé que nuestra historieta favorita, Tintín, fuera llevada al cine.  Imaginarme  al Capitán Haddock, Milú, Hernández y Fernández en la pantalla me trae añoranzas de aquellos tiempos de Tintín en el Tibet, Vuelo 707 a Sidney, El Asunto Tornasol y tantas otras historias que a mi padre  le encantaban  más por  verme el disfrute a mí.  La tecnología trae cambios pero no debe cambiar el significado de  aquellos tiempos así que me dispondré a ver Tintín con el  ánimo de afirmar los buenos recuerdos de aquellas  bellas épocas.

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Contactar al periodista
Su voto: Ninguno (2 votos)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad