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Sábado 28 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Triste Dignidad

Columnista: Carlos Chaverra

“Usted será nuestro presidente. Cuando lea esta nota, estaré haciéndole barra. Queremos que tenga éxito.” Con estas palabras, el Presidente George H.W Bush cumplía la vieja tradición en la que el mandatario saliente deja una nota de bienvenida al mandatario entrante, escrita de su puño y letra. El receptor de la misiva fue su antagonista de campaña Bill Clinton, un joven demócrata que derrotó a Bush convirtiéndolo en uno de los presidentes que no pudo repetir gobierno.


Años más tarde, su hijo George cumplía nuevamente el rito dejándole sobre el escritorio de la oficina Oval la siguiente  nota al nuevo presidente Barack Obama: “Aunque seamos demócratas o republicanos nos interesa profundamente nuestro país...todos los que hemos servido en este posición entendemos que el cargo trasciende al individuo”. Con esto el mandatario quería dar el honor que merece la dignidad del cargo, ante lo cual anteponía cualquier antagonismo político o personal.


El Club de los Presidentes es un reciente libro de los periodistas Nancy Gibbs y Michael Duffy, en donde narra éste y otros ejemplos de cómo los ex-presidentes norteamericanos han construido desde siempre una relación basada en el cargo que han tenido. Se entienden entre ellos porque han vivido la experiencia de tener sobre sus hombros decisiones de tanta trascendencia. Entienden las dificultades e impacto que sus actuaciones tuvieron y por ello aconsejan y acompañan al Presidente en ejercicio de distintas formas. A la muerte de Bin Laden, Obama llamó primero a los ex presidentes Bush y Clinton antes de dar parte a cualquier otro. Carter ha realizado misiones de paz a nombre de la presidencia. Según los periodistas, esta relación se ha caracterizado históricamente por la discreción y la solidaridad entre colegas, independientemente del color político.


Toda comparación es odiosa, pero da cierta tristeza leer las declaraciones de nuestro Presidente, perplejo por las actitudes de su antecesor donde se critica sin ninguna consideración a la alta dignidad  que implica la presidencia. Ni asomos de solidaridad. Pastrana decidió alguna vez  que no asistía a la comisión de relaciones exteriores, uno de los pocos foros que reúne a los ex presidentes, y logró vetar la designación de Samper a la embajada francesa. ¿Hace cuánto no vemos la foto de todos juntos en un gesto común ante tantos peligros que acechan nuestra democracia? Triste es cuando tan alto cargo va perdiendo su dignidad, ¿cómo rescatarla?

Autor:
Carlos Chaverra
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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