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Mar Sep 26 2017
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Martes 25 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Irresistible

Columnista: Carlos Gómez

Es el título del excelente libro de Adam Alter, reseñado como un ‘best-seller’ por el New York Times. Llegué a él en busca de información para entender los efectos de las nuevas Tecnologías de la Información y las redes sociales. De hecho, el subtítulo del libro me cautivó: “El ascenso de la tecnología adictiva y el negocio de mantenernos conectados”. Había tenido una cena con profesionales jóvenes y, a los diez minutos de estar en la mesa, no había escuchado palabra alguna después del saludo: cada uno estaba inmerso y alelado con la pantalla de su “Smartphone”. Protesté y respetuosamente dije que me cambiaría a una mesa solo, donde pudiera comer acompañado de mí mismo. Apagaron los celulares y tuvimos una excelente conversación.

Creo que el paisaje se repite todos los días en restaurantes, buses y mesas familiares. La gente se sienta, pero “conversa” con los que están a kilómetros de distancia. Son incapaces de concentrarse en las personas reales y prefieren las virtuales, mucho menos siguen un discurso completo o una conversación compleja. De pronto alzan la vista y parecen poner atención, dicen alguna incoherencia y continúan pegados de las pantallas.

El libro me iluminó. Plantea con crudeza el tema de las adicciones contemporáneas y las llama “Adicciones Comportamentales”, para diferenciarlas de las adicciones a sustancias como alcohol o drogas. Sin embargo, los efectos y los procesos químicos que suceden en el cerebro son los mismos: “La cocaína tiene tantos efectos directos sobre los neurotransmisores en el cerebro como, por ejemplo, apostar; ellos actúan con los mismos mecanismos sobre los mismos sistemas. La diferencia es en magnitud e intensidad”. Igual sucede con las nuevas TIC: producen adicción, sustraen a la gente del mundo real, rompen la comunicación, afectan el comportamiento, destruyen la capacidad de concentración, y generan mundos virtuales (irreales) que terminan condicionando el comportamiento y llevando a la gente al fracaso. Por eso los tratamientos para su cura son los mismos.

Bajé una “Aplicación” recomendada en el libro llamada “QualityTime” y quedé más preocupado. Yo, que creía usar el Smartphone racionalmente, descubrí que en un día había entrado 157 veces y “gastado” casi dos horas conectado. Decidí cambiar mis hábitos y ¡qué buenos efectos! Una invitación a padres de familia, maestros y jóvenes a tomar el tema en serio.

Autor:
Carlos Gómez
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