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Martes 22 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

¡Qué asco!

Columnista: Carlos Gómez

Triste espectáculo la diaria publicación de noticias sobre corrupción de Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Difícil encontrar un superlativo para expresar la perplejidad y asombro que produce. Acaso usar el mismo que los debería calificar: ‘suprema’ indignación, ‘sumo’ asco. Pero el asunto es de cascada; igual cólera produce lo sucedido en los Tribunales Superiores de Villavicencio y Cúcuta; y lo que faltará por divulgarse. Y si esto es la cúpula, ¿qué será la base? Obvio que no podemos generalizar y pensar que todo el sistema judicial es igual; pero son tantos los casos y en tantos los lugares que es imposible dejar de cuestionarse si la situación no amerita, en serio, una reingeniería total del Poder Judicial. Mientras la justicia no brinde confianza, transparencia y ecuanimidad, es imposible pensar que algún día llegará la paz que nos quitará la tentación de hacer justicia por la propia mano.

Sin embargo, poco se dice de lo que pasa en la administración de los Departamentos y, sobre todo, de municipios con presupuestos magros donde los robos y la corrupción son de pequeñas cifras, peroque, en muchos casos, son el desangre total de los ya pobres municipios. Afortunadamente, y más allá de sesgos e indelicadezas, Colombia aún tiene una prensa libre que funge en no pocos casos como fiscalías tan o más efectivas que las institucionales.

La Fiscalía pareciera que está haciendo bien la tarea. No obstante, el Fiscal aún tiene que recuperar la plena confianza de los ciudadanos y demostrar con creces su desmarque de los grupos políticos que lo han apoyado en su carrera pública, de los personajes oscuros que han gravitado sobre su cabeza y de la absoluta probidad de su vida. Su cercanía a Cambio Radical –nido de buena parte de los protagonistas de la corruptela- debe significar distancia total, máxime cuando se avecina la campaña política; pero igual sucede con los otros Partidos donde también ha tenido respaldos en su vida pública. Aquí pensar que ‘ser menos corrupto es ser bueno’ es una falacia monumental. El que roba o se deja sobornar, poco o mucho, es ladrón.

Mientras tanto, ¿en qué andarán las Contralorías departamentales y municipales? Han solido ser instituciones conniventes con la podredumbre. Otro alacrenero de persistente corrupción.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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