Martes 28 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

Pruebas Saber 11

Columnista: Carlos Gómez

La semana pasada fueron revelados los resultados consolidados de las pruebas de los bachilleres del Calendario A, que congrega la mayoría de colegios delpaís. El Icfes entrega los datos con los puntajes de cada institución discriminados por las competencias que evalúa: Lectura Crítica, Ciencias Naturales, Sociales y Ciudadanas, Matemáticas e Inglés; muestra también el promedio ponderado. Este último es usado por revistas especializadas, observatorios y grupos de interés para, entre otras cosas, elaborar “rankings”.

Los rankings son tan odiados como defendidos. De hecho, se aplica que “cada uno habla de la feria según le vaya en ella”. Produce una especie de fascinación entre quienes se sienten en el grupo de los mejores, muchas explicaciones entre los del montón y desdeño e impotencia entre quienes ocupan el final de la lista. Crea un espíritu de competición que puede ser positivo si conduce al mejoramiento y crecimiento de todos; también genera la exclusión de los débiles o la negación de los “poco dotados”. En educación conlleva estos peligros: que se deseche el “lastre” y se muestre el “oropel”.

El Ministerio de Educación creó el Índice Sintético de Calidad para evaluar las instituciones: un concepto más abarcador porque tiene en cuenta otros factores y no solamente los resultados de las pruebas. Sin embargo, sin llamarnos a engaños, el ingreso a la educación superior está condicionado por la “Prueba de Estado” o la prueba específica de cada institución que mide, generalmente, los mismos aspectos.

Los resultados del 2017 generan muchas preocupaciones. La principal: la pobre educación para los pobres no hace más que perpetuar la miseria, generar exclusión y repetir el círculo vicioso de la no-oportunidad para quienes tuvieron la “desgracia” de nacer en la periferia, en la ruralidad profunda, en lugares donde el estado brilla por su ausencia, la pobreza lo inunda todo y el futuro ya está hipotecado.

Lo he repetido muchas veces en esta columna: la educación de calidad es la única instancia no violenta que puede conducir a la democracia, a la superación de la pobreza, a la equidad y, por supuesto, a la paz. Mientras no haya una política seria de Estado sobre la educación de calidad, que nivele por lo alto, apague y vámonos. Mientras, ¿Cómo va la educación en la Campaña Política?

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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