Martes 12 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

La deuda histórica

Columnista: Carlos Gómez

Terminan las sesiones del Congreso de la República correspondientes al primer semestre de la legislatura.

La semana pasada vencieron los tiempos del “fast-track” que facultaba al Parlamento para legislar los temas relacionados con el Acuerdo de Paz. Triste espectáculo y magros resultados. El Congreso se retrató tal cual es y mostró, una vez más, que poco le importa la suerte del país y lo que cuenta es defender sus intereses electoreros. Hundieron lo que quedaba de la Reforma Política, no porque tuvieran mejores propuestas para acabar inveteradas mañas que han llevado la democracia a un remedo de representación, sino porque se opondrán a todo lo que ponga en peligro sus mezquindades.

Y, en eso, no hay mucha diferencia entre los partidos y facciones: se arropan con la misma cobija. Está en vilo, y para ser resuelto por la Corte Constitucional, el tema de las curules para las víctimas. Se discute si hubo o no el quórum; aunque, a decir verdad, duele más el ausentismo deliberado para evitar comprometerse. Sería mucho más digno que, en vez de salirse para las votaciones, se quedaran para votar No, si es lo que consideran; pero, escogen lo facilista: no presentarse: ¡hipócritas!, ¿para qué más explicaciones al merecido y peligrosísimo desprestigio de los Partidos y el Congreso?

Fueron incapaces de acometer el tema más importante de la construcción de la paz, que va mucho más allá de aceptar o no los Acuerdos de Paz firmados con las Farc. Me refiero a la inaplazable y necesarísima cuestión del Desarrollo Rural y los concomitantes aspectos agrarios. Nunca habrá paz mientras Colombia no resuelva los asuntos de acceso a la tierra, del modelo de desarrollo rural territorial, de la educación y los bienes públicos en la ruralidad profunda, de la real intersección y complementariedad de lo urbano con lo rural, de las cadenas de comercialización, de la presencia del Estado en los territorios que estuvieron -o están- bajo la dominación de guerrillas y grupos ilegales.

¡Qué miopía! Patética la incapacidad de las élites políticas y económicas de abordar las grandes reformas que lleven a superar la dramática inequidad generadora de miseria y exclusión. Transformaciones inaplazables que serán la única manera de evitar más violencia o aventuras políticas dictatoriales como las del vecindario.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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