Martes 02 de Enero de 2018 - 12:01 AM

2018

Columnista: Carlos Gómez

Feliz año nuevo. Este saludo lo repetimos incansablemente durante el pasado fin de semana e, indudablemente, muchas veces lo dijimos desde el fondo del corazón: parabienes, ilusiones, salud, prosperidad, mejores días, paz, esperanza… Por supuesto, es la magia de un número convencional que nos permite pensar que nuevos ciclos amanecen, que la vida renace, que la ilusión se recarga. ¡Qué bueno que así sea!

Será un año complejo para Colombia. Las elecciones que se avecinan marcarán el protagonismo de la vida política y social, vendrán semanas que nos hastiarán de propaganda, promesas, divorcios, matrimonios por conveniencia, mentiras, abjuraciones, conversiones, mundos nuevos; en pocas palabras, el circo nacional en su mejor ‘performance’. El resultado, acrecentamiento del escepticismo y posible derrota del espíritu libre que añora esperanza, paz, concordia y oportunidades.

Recordaremos el cincuentenario del año más interesante, creativo y convulso del siglo XX. Pasaremos la película del Movimiento estudiantil, de París 68, la tragedia de Tlatelolco, Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y Robert Kennedy, la ‘Revolución cultural de Mao’, la Conferencia Episcopal de Medellín, la visita de Paulo VI; muchos momentos célebres que mostraron que el mundo era otro y que ciertamente empezaban nuevas épocas: “prohibido prohibir”, “paren el mundo que quiero bajarme”, “la barricada cierra la calle pero abre el camino”, “No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos”, “Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, “Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda”, “hagamos el amor, no la guerra”…

Qué buen trasfondo para darnos una oportunidad como país de al menos soñar que otra realidad es también posible para los colombianos: Pensar que podamos pasar la página, que no sigamos estirando un pasado que se resiste a morir, que la paz sea posible, que podamos dirimir nuestras diferencias civilizadamente, que la ruralidad tenga importancia nacional, que los jóvenes puedan encontrar los espacios para creer y crear, que la educación de calidad sea un propósito real, que la corrupción dé paso a la decencia en el manejo de lo público, que la palabra vuelva a tener valor, y hasta que a la Selección le vaya bien en el Mundial.

Que la esperanza y la paz abunden por doquier al despuntar el nuevo año. Felicidades.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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