Martes 09 de Enero de 2018 - 12:01 AM

De Odios y Ceguera

Columnista: Carlos Gómez

De la guerra se ha dicho mucho: desde Heráclito que enseñó que la guerra es el padre de todas las cosas, pasando por Marx que la consideró partera de la sociedad o de la historia, hasta la entronización de la violencia como forma de lucha política. Más allá de la parcial validez que podrían tener estas sentencias, el común denominador es que la guerra deja dolor, heridas, sociedades divididas, países condenados al atraso y la barbarie, y mucho odio que, a su vez, se vuelve en determinante de un círculo vicioso que se autoalimenta continuamente. Romper esta espiral es necesario para apostarle al futuro y dejar atrás este lastre insaciable que pesa, inmoviliza, impide avanzar.

Mujica, de paso por Colombia, expresó que, “Las heridas de la guerra dejan una resaca que obnubila la inteligencia”. Ciertamente que el odio es una de esas heridas que enceguece y condena; que amarra sin dejar ver con claridad. ¡Cuánto odio se percibe en todos los niveles sociales y políticos! Asistimos también al espectáculo triste de gobernantes alocados que los destilan por doquier como si los asuntos que comprometen a la humanidad fuera un juego: “Mi botón nuclear es más grande”, ripostó Trump, para burlarse del botón de Kim Jong-un:¡Qué horror y terror!

En la campaña electoral que se avecina, el odio será arma de lucha, sea para asustar, manipular y eventualmente gobernar. Terrible sería para Colombia que termináramos jugándole a la polarización construida sobre odios destructivos que enceguecen e instan a nuevas violencias y desastres.Importante, en este amanecer del año, que la serenidad de espíritu se nos vuelva propósito fundamental para contrarrestar la carga de odio que obnubila, escuchar críticamente las diferentes propuestas, discernir con cuidado los mensajes subyacentes, mirar con objetividad la viabilidad de los temas, desenmascarar los lobos vestidos de ovejas, ponderar con altos referentes éticos los contenidos programáticos, contrastar con la realidad la veracidad de quien los proclama y su autoridad moral, y decidir ilustradamente lo que consideramos mejor para el bien común.

Decía Víctor Hugo que “Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga”. 2018 puede marcar para siempre el camino hacia la paz y la concordia, o condenarnos a otro siglo de barbarie. Grandeza y sindéresis: insumos irrenunciables para buenas decisiones.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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