Martes 20 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

De elecciones y talantes

Columnista: Carlos Gómez

Las elecciones suelen ser un buen termómetro para conocer el talante de las personas. Quizás, como pocos, los ejercicios electorales suelen sacar lo bueno, lo malo y lo feo de electores y candidatos. Frecuentemente se revela, en muchas, se oculta. Cada quien con su conciencia, pero existen algunos prototipos en el escenario electoral nacional.

De parte de los que pretenden ser elegidos, se ven desde quienes parecen inmaculados, aunque su trayectoria hace evidente otra cosa, como a quienes jamás se les perdona alguna palabra o foto. En el mejor ejercicio camaleónico, vimos en el reciente festival teatral democrático cómo muchos abjuraron de su pasado, negaron las amistades peligrosas, se reagruparon con sus nuevos buenos amigos -así en el pasado haya sido enemigos y no solo contradictores-, se juntaron con imposibles, gritaron toda suerte de mentiras, proclamaron eslóganes vacuos y, una vez más, vistieron el traje que el pueblo ígnoro compra fácil: el teflón, porque nada se les pega, todo les resbala.

De los electores, van desde quien a conciencia hace un examen crítico de las propuestas y obra en consecuencia, hasta quienes deciden con las vísceras sin pararse siquiera a preguntarse lo mejor para el bien común; hay también quienes venden su voto porque la necesidad apremia, o simplemente lo subastan porque más vale pájaro en mano que cientos volando. También, y son muchos, quienes, vergonzantes de sus posiciones, dicen una cosa y votan por otra, al estilo francés: ensalzan la izquierda, sentados a la derecha -los más-, pero también en viceversa. Ciertamente que la democracia participativa se construye sobre la base de un electorado educado. En teoría, a pueblos más educados, mayor participación y mejores decisiones, menos clientelas y más voto de opinión o ponderado. No siempre es así: pueblos educados terminaron eligiendo a Hitler, a Trump, y otros especímenes parecidos.

En fin, estos son tiempos de pensar con cabeza fría para escoger lo que viene, con serenidad, reflexión, lectura crítica, valoración de los diferentes escenarios, diálogos desapasionados, confianza en la institucionalidad, discernimiento de posiciones, realismo en las propuestas, moderación sin radicalismos. Hay que desconfiar de quienes ofrecen mundos mágicos alcanzables en cuatro años, de oportunistas que exacerban pasiones para terminar en mucha espuma y poco chocolate, de los políticos y revolucionarios que no saben sonreír.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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