Martes 03 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Educación, desarrollo rural y paz

Columnista: Carlos Gómez

Esta triada son los grandes desafíos para Colombia en los próximos años, y aspectos de especial cuidado por cualquier gobierno que asuma el liderazgo del país. Infortunadamente son pocas, pobres y difusas las propuestas al respecto. No hay contradicciones mayores entre los candidatos con mayor opción. Cuando hablan de educación, proponen aumentar el presupuesto; cuando hablan de desarrollo rural, plantean poner el campo en el centro de las prioridades; cuando hablan de paz, suelen regresar a negar, replantear o endiosar los Acuerdos del 2016. Discursos importantes, pero inconsistentes e insuficientes. Aumentar el presupuesto para la educación no resuelve, per se, los gravísimos problemas de calidad, cobertura y democratización. Se puede acrecentar el salario de los maestros -ojalá-, pero mejores sueldos no significan mejor calidad si no se acompaña de políticas claras de evaluación permanente de docentes, currículo, estudiantes, rectores; es decir, un sistema de evaluación sólido que permita tomar decisiones rápidas para rectificar oportunamente, y no esperar para trabajar sobre lo irremediable. La mejora en infraestructura tiene sentido si responde a nuevas propuestas educativas, centradas en el aprendizaje y no en la enseñanza. Se necesitan edificios que respondan a modelos pedagógicos innovadores, y no remozados galpones con salones para modelos caducados.

El desarrollo rural no se puede adelantar sin políticas claras sobre educación rural, medio ambiente, bienes públicos, territorialidad, acceso a la tierra, comercio justo, cadenas logísticas, presencia del Estado con eficientes servicios de justicia, seguridad y espacios para la toma efectiva de decisiones con las comunidades: condiciones dignas de vida para que el campo pueda ofrecer alicientes para quedarse, pero viviendo bien. Y la paz solo será sostenible si la política pública se dirige a la construcción de equidad que permita la disminución de la pobreza, la comunicación de bienes, la generación de oportunidades, la formalización y salvaguardia del trabajo; y no solo al mantenimiento de las prebendas, la disminución y exención de impuestos y la protección del gran capital en detrimento de economías solidarias, responsables y la protección de los pequeños. La pobreza, la mala educación, la inequidad territorial, la marginación urbana, el olvido de la ruralidad profunda siempre serán factores que facilitarán tentaciones de nuevas aventuras violentas o populismos irresponsables. Para eso es la política: para el bien común y la justicia social.

Autor:
Carlos Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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