Hace poco en su columna de Vanguardia Liberal, el respetado humanista Jaime Luis Gutiérrez disertó acerca de la igualdad de género, terminando con la afirmación: “hoy los feministas convencidos y confesos somos legión” y “definitivamente hemos mejorado y todo hace pensar que mejoraremos más.”
Un colegio es más que salones, tableros, sillas y mesas. Y, cuando la construcción falla, es más que la edificación física lo que se cae. Elcaso del colegio de Villas de San Ignacio ilustra lo anterior.
Es mal visto mirar en el patio del vecino; oír y contar o avisar a autoridades y medios de comunicación hechos dañinos vistos en hogares de otros, es considerado como “chismosear”. Así quedaron secuestradas y torturadas tres jóvenes norteamericanas durante diez años, sin que los vecinos de ese tranquilo barrio se dieran cuenta.
“Las cifras hablan” y se dejan interpretar. También habla la gente, para los que la quieren oír. Así, según las interpretaciones dadas, las cifras develan una supuesta realidad que nada tiene que ver con la vida de la gente.
Las mujeres mencionadas en mi anterior columna, “Colombianas que cambian el mundo”, no lo hacen solo porque “supieron reconocer situaciones de discriminación, violencias, exclusión, falta de oportunidades y pasividad que afectan masivamente a mujeres de toda Colombia….” sino porque, “además de reconocer estas situaciones, intentan actuar para cambiarlas...”
En Cartagena, el Centro de Formación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo ofrece la exposición “Colombianas que cambian el mundo”.
Una revista de modas francesa, Marie Claire (abril 2013), publicó relatos de tres mujeres que pasaron unos años de sus vidas en las Farc: “Volver a vivir después de las Farc”. Estos testimonios me evocaron relatos de otras mujeres encontradas en mis años de trabajo con la Fundación Mujer y Futuro en defensa de los derechos humanos de las mujeres en diferentes ámbitos.
Sin anticiparme al día de la madre, a la víspera de un nuevo “día de la mujer”, quiero revindicar el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad.Si bien hasta ahora, madre = mujer, el contrario no es válido y la maternidad ha dejado de ser una evidencia femenina, destino inevitable de las mujeres.
En países distantes y distintos como Colombia y Francia, se debaten actualmente temas de suma importancia para las sociedades y sus transformaciones a venir.
En el esquema tradicional de parejas heterosexuales, anterior a las conquistas feministas, el hombre es el proveedor que aporta el sustento de su mujer y su descendencia cuando la hay, “como Dios manda”; mientras que la mujer es la reproductora, cuidadora de la prole y los ancianos de la familia. Este modelo ha podido funcionar durante siglos, en contextos ya obsoletos.