Publicado por: Christiane Lelievre
Una revista de modas francesa, Marie Claire (abril 2013), publicó relatos de tres mujeres que pasaron unos años de sus vidas en las Farc: “Volver a vivir después de las Farc”. Estos testimonios me evocaron relatos de otras mujeres encontradas en mis años de trabajo con la Fundación Mujer y Futuro en defensa de los derechos humanos de las mujeres en diferentes ámbitos.
Unas perdieron sus manos, otras sus piernas. Las unas pusieron minas anti personas, las otras las pisaron.
Las unas fueron reclutadas por la guerrilla, las otras fueron heridas, amenazadas y desplazadas por la guerrilla. Unas entraron por convicción, otras se salieron para sobrevivir. Unas quisieron escapar de la prostitución y los malos tratos, las mismas a veces han llegado también a la prostitución forzada y la violencia.
Para cada una, la violencia está presente bien antes de su vinculación, “voluntaria” o forzada. Cada testimonio trata de valorar las oportunidades que la Agencia Colombiana para la Reinserción les da a las personas que se salen del monte y aceptan reconstruir una “vida normal” y productiva en la sociedad.
Así, las unas y las otras desde orillas en algún momento opuestas, son las mismas mujeres tan parecidas en su diversidad y tan diferentes en sus puntos comunes.
Marzo, “mes (comercial) de la mujer”; lapso para evocar con más precisión sus derechos.
Oportunidad también para no hablar de La Mujer sino más bien de las mujeres, todas; distintas y parecidas, gozosas y sufridas, cómplices y rivales, sumisas y rebeldes, activas y pasivas, con sus conflictos y sus acuerdos, solidarias y antagonistas.
La diversidad es riqueza, las diferencias hacen interesantes los debates; nada vale intentar uniformizar a los seres humanos que sobreviven precisamente por su diversidad; mejor encontrar respeto, valor y lugar para todos.
Nota: un logro de las “100.000 voces por el agua”: diversidad reunida marchando en apoyo a una causa común: el agua, el páramo, un modelo de desarrollo posible.









