Publicado por: Christiane Lelievre
Es mal visto mirar en el patio del vecino; oír y contar o avisar a autoridades y medios de comunicación hechos dañinos vistos en hogares de otros, es considerado como “chismosear”. Así quedaron secuestradas y torturadas tres jóvenes norteamericanas durante diez años, sin que los vecinos de ese tranquilo barrio se dieran cuenta. Aun viendo a una joven gatear desnuda y encadenada en el jardín trasero, se respetó la intimidad del vecino; tampoco los hermanos pidieron visitar la parte de la casa que no les dejaba ver su familiar, amable conductor de bus, monstruo en la intimidad de su vida.
Guardando las proporciones y sin asimilar las dos situaciones, la semana pasada un hecho ocurrido en el espacio privado de una familia, relatado por Vanguardia Liberal, desató una controversia en las redes sociales virtuales. Un ex rector de la UIS, todavía vinculado a la universidad, fue capturado por presunta violencia conyugal y puesto en libertad unas horas más tarde porque no había flagrancia, lo cual es jurídicamente viable. Invocando el derecho a la intimidad, gente del común y profesores universitarios con muchos pergaminossalieron en defensa del buen nombre del presunto agresor. Parece que estos profesores universitarios desconocen la legislación colombiana que considera la violencia intrafamiliar como delito tipificado en el Código Penal (Art. 229) y contempla que el delito se agrava cuando la violencia se ejerce sobre una mujer. Encubrir un delito, aun cometido en espacios privados, lleva a la cárcel.
¿Cómo seguirá el caso? Ya no es un asunto privado y no hay desistimiento de la víctima que valga. ¿Se realizó una audiencia con presencia, además del abogado defensor, de un representante de la víctima que asegure la garantía de sus derechos de protección? En este caso como en todos, si bien el tratamiento punitivo al delito debe respetar los derechos del acusado, la Justicia debe garantizar la verdad y el respeto de los derechos de la víctima.









