Publicado por: Christiane Lelievre
Hace poco en su columna de Vanguardia Liberal, el respetado humanista Jaime Luis Gutiérrez disertó acerca de la igualdad de género, terminando con la afirmación: “hoy los feministas convencidos y confesos somos legión” y “definitivamente hemos mejorado y todo hace pensar que mejoraremos más.”
Lamentablemente, el doctor construye su positiva conclusión a partir de argumentos en su mayoría contrarios a la igualdad de género que defiende. Desde este espacio, me permito abogar por la equidad de género a partir de otro tipo de argumentos. La equidad plantea la igualdad de derechos para las mujeres, en el respeto de las diferencias, sin que el punto de referencia como modelo sea el varón.
Además de aportar “el 50% del material genético con sus 23 cromosomas X”, las mujeres son el 50% (o más según las regiones y épocas) de la población humana. Que la mitad de la población sea sometida, discriminada, acallada y no disfrute de las mismas oportunidades de desarrollo y felicidad, representa un freno al desarrollo y afrenta a la democracia. Es bien sabido que “la humanidad posee dos alas, una es la mujer y la otra el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas la humanidad no podrá volar.”
En Colombia, la igualdad de las personas – todas - y su no discriminación están amparadas por el artículo 13 de la Constitución Nacional.
Las Naciones Unidas subrayan la importancia del papel activo de las mujeres en las sociedades y sus aportes al desarrollo de los pueblos y señalan que la violencia hacia las mujeres “restringe el crecimiento económico y obstaculiza el desarrollo.” Por lo cual “toda la humanidad saldría beneficiada si se pusiera fin a este tipo de violencia…”. Darles menos importancia y oportunidades a las mujeres que a los varones, excluirlas de los espacios de decisión quitándoles a la vez oportunidades laborales y de desarrollo personal, contribuye a perpetuar y profundizar la pobreza de los pueblos.










