Jueves 01 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Educar sin castigo físico ni maltrato

Columnista: Christiane Lelievre

Cambiar el mundo cambiando las pautas de crianza y educativas; en las familias, desde antes del ingreso al sistema escolar, y después. Respetar a niños y niñas desde sus primeras horas de vida, con un parto humanizado y respetuoso de sus ritmos. Amar sin condición, guiar sin imponer, educar sin castigos físicos, gritos, miedos o amenazas, sacar toda forma de violencia de las relaciones adultos-infantes. Escuchar y jugar, no dejar los televisores y otras pantallas remplazar a papás, mamás o niñeras de carne y huesos.

Este mes de enero, la Fundación para la Infancia lanzó en Francia una campaña de medios para sensibilizar a padres y madres acerca de las violencias educativas comunes y corrientes, prohibidas en varios países europeos. La campaña señala que costumbres como pegar, humillar o gritarles a los hijos/as influye de manera negativa y por mucho tiempo sobre estos futuros adultos. Pegar, humillar, gritar, amenazar son formas de dominar y domar, no son conductas respetuosas entre iguales. Son violencias y, auqnue no dejen marcas en el cuerpo, tienen efectos nefastos en la vida adulta. Estas “pequeñas violencias” acumuladas hacen vulnerables a las personas, frágiles frente a los retos, el estudio, la frustración y los esfuerzos.

Este argumento que “así me criaron y ahí me tienen, una persona de bien y con valores”, no vale. Recuerde cómo se sentía cuando lo trataban a la brava en su casa o escuela. Gente de bien y con valores, ¿seguro? Y aún si fuera; el mundo cambia, y lo que se veía normal y era permitido, puede no serlo ahora. Si repite sin pensar y sin criterio lo que le han hecho y enseñado, es que algo no estuvo bien en su educación.

Lo seguro es que la educación sin castigos no es laxismo, no es “dejar hacer” y desentenderse. Es exigente, pide paciencia y diálogo, palabras y sonrisas; tiempo y dedicación. Son cambios necesarios para educar futuros adultos respetuosos, empáticos y pacíficos, además de felices.

Autor:
Christiane Lelievre
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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